UN TUBÉRCULO ESPECIAL

 Por: Patricio Salinas Pacheco.

Hace algunos años, cuando asomaron al mercado gastronómico regional, se constituyeron en el boom de una nueva época, fueron lentamente copando trajines y aplacando estómagos al paso por medio peso.

Negocio redondo para quienes, por esas cosas de la vida, lograban instalación entre tanto revoltijo de feria y capitales establecidos. Una intención que, de callejera, de la noche a la mañana, se transformaba en una industria con mejores perspectivas, lo que permitía la ampliación de bolsillos con la velocidad de un rayo.

Pronto los locales de expendio de la “nueva” golosina, por llamarla de algún modo, fueron ocupando cada rincón de la ciudad colonial y compleja en su manera de pensar y vestir.
Los olores fueron adhiriéndose al ropaje e inmiscuyéndose por cuanto resquicio fuera posible, marcando con se sello preferencial cuanto bien material estuviera expuesto.

Porque las papas fritas, hoy en día, se han convertido en marca y cuño de una ciudad, en un boleto al retortijón y a la úlcera, a la acidez e incendio estomacal y de agregado, a gases que todo lo incomodan.

Las “tuberculosas” forman parte ya del patrimonio nacional y regional, ya no es posible mejores aires en una ciudad libre de contaminación. Todo lo infectan y ensucian…y agreden con sus salpicadas.

Y el corolario amarillento con pintas rojas, vulgo mostaza, simplemente la gota de mal gusto que rebasó el vaso.

Sin dudas, una necesidad del momento que desembocó en la extravagancia y el desatino.
Hoy, aquellas rebanadas de papilionáceas, con ojos y cáscaras a medio pelar, lo percuden todo, embotan el ambiente, manchan, infectan atraviesan puertas y ventanas con la rapidez de un pestañeo y permiten, por último, la palabrota intencionada cuando algún retazo grasiento le han manchado el traje preferido.

Aunque hay que ganarse la vida de cualquier, menester es que el Servicio de Salud, hinque el diente en aquellas posadas donde se expenden riesgos de grasa y mostaza.
El problema merece un atención preferencial y que “no se fije en gastos”, cuando de sanciones se trate, de esa forma, los sanitarios estarán cumpliendo el papel que les fue asignado en la ocasión.

Un antojo a media mañana, de grande o chico, no justifica los gastos médicos ni las urgencias. ¿Quién se preocupa por revisar los aceites saturados en que hoy, se siguen friendo las “famosas papas fritas” en La Serena y Coquimbo.


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