Educar a los más vulnerables

Por: Robinson Hernández, Concejal de La Serena.

Sin duda, que el anuncio del ministro Lavín lleva consigo una esperanza manifiesta en las familias, cuya única opción es la educación bajo la tutela de los municipios en las 345 comunas de nuestro país; Chile no es el país de los que egresamos cerrando el ciclo de la “educación pública” (1983), Chile hace 30 años, que con la complacencia de su clase política de elite asumió que educar también es una responsabilidad que quienes pueden lucrar recibiendo aporte del Estado.

Hay de los que consideran que el Estado debería dejar de entregar recursos a los colegios “particulares con subvención pública” y dichos recursos ser invertidos en el proceso educativo de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad; como pilar para garantizar el rompimiento de la pobreza e inserción en el mundo educacional superior y laboral con mejores herramientas.

La apuesta de la “nueva forma de gobernar”, sin duda es a largo plazo; serán las nuevas generaciones, que motivadas por el actual llamado (No muy distinto a los instrumentos vigentes generados años atrás) a estudiar PEDAGOGÍA puedan volcarse en el aula para alcanzar resultados de calidad en el año 2020; dicha generación de docentes demandará un régimen de remuneraciones, que a más tardar a los 3 años de ejercicio de la profesión pueda alcanzar ingresos que les permitan dedicarse a tiempo completo sin alterar su calidad de vida individual y familiar.

Pero en tanto, qué se hace para que las próximas  9 generaciones que egresarán de la enseñanza media municipal puedan insertarse a cabalidad en el mundo del estudio y/o el trabajo; será posible que el actual gobierno impulse una reforma tributaria para inyectar recursos frescos a una  “quebrada educación municipal”; serán los propios municipios que respondiendo a su condición legal de sostenedores quienes arbitren medidas internas para evitar la caída libre de la matrícula y carga salarial. El debate recién comienza y la voz de la ciudadanía toda, en particular la que se “beneficia” con la “educación pública” no debe dejarse esperar.

Y que el debate no nos lleve a la privatización completa de la educación; que el debate nos lleve a romper con la brecha social teniendo como herramienta una educación inclusiva, moderna, humanitaria y de calidad; que el debate no se centre en lo ganado por algunos pocos, sino en la riqueza intelectual que se ha de explotar en quienes nacieron lejos de los beneficios materiales del mercado.

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