Erica-Gonzalez

Fondo Esperanza: Apoyando el emprendimiento de los chilenos del norte

Una de las herramientas más exitosas para la superación de la pobreza es promover la organización y solidaridad entre las familias y comunidades. Se apela a la confianza para el logro de los anhelos y mejoramiento de las condiciones de vida de las personas. A ello también apunta Fondo Esperanza (FE), institución que  hace 13 años creyó en el micro emprendimiento como motor de desarrollo personal y comunal.

Actualmente, FE se encuentra trabajando por los sueños de 100 mil emprendedores entre Arica a Chiloé. Mujeres y hombres que se atrevieron a derrotar sus miedos y desconfianzas comprometiéndose a aportar a la construcción de un país más justo y solidario a través del trabajo grupal, donde la responsabilidad y el compromiso se transforman en la columna vertebral para salir adelante.

Son miles las historias de superación que reflejan esa voluntad y ansías de un futuro mejor. No importa la hora, el tiempo o el día de la semana, cada jornada es una posibilidad para cumplir sus objetivos.

En Coquimbo vive Érica González, una emprendedora de Fondo Esperanza que trabaja en la Feria vendiendo verduras frescas. Su rutina es sacrificada, se levanta a las cinco de la mañana, prepara las ensaladas, carga la camioneta con la ayuda de su familia y a las ocho ya está armando el puesto. Se define como una mujer perseverante y de mucha paciencia, ya que sabe que hay días buenos y malos en el negocio de los feriantes. A pesar de todo no se arrepiente de haber elegido su emprendimiento. “Ahora miro hacia atrás y recuerdo que empecé vendiendo con un quitasol y un tablero. Después, gracias a Fondo Esperanza, pude comprarme un toldo y ahora tengo varias mallas. Estoy contenta porque me ha ido bien”, indicó la emprendedora coquimbana.

Asimismo, Jaime Aguilera, zapatero de La Serena, cuenta que entrar a Fondo Esperanza (FE) ha sido una oportunidad única. “Un amigo me invitó y entré al Banco Comunal (BC) “Los geniales” para tener mayores posibilidades con mi negocio, ya que en invierno las ventas bajan y, hay menos ganancias y, por ende, hay menos dinero para comprar materiales para la confección”, indica.

Se define como un hombre esforzado, que comenzó a trabajar a los ocho años en la casa de los patrones de su hermano. Ahí aprendió a coser y nunca más se desligó de su oficio: la fabricación de zapatos artesanales 100% hechos a mano, negocio que tiene hace ya más de dos siglos.

No tiene proyectos ambiciosas a futuro, más bien, lo que desea es que su negocio sea conocido por la mayor cantidad de gente posible, para que prueben el calzado nacional que es hecho con cariño. “Me gustaría que la gente probara el calzado nacional, porque es otra cosa. Con mi puesto en la feria artesanal “La Merced” y gracias a Fondo Esperanza, he logrado generar redes y hacer crecer mi lista de clientes. Siempre voy a estar agradecido, porque para mí FE significa inclusión y crecimiento”, concluyó.

Estas son algunas de las miles de historias que diariamente se pueden encontrar en las calles y en nuestra página web www.fondoesperanza.cl. Ambas emprendedoras han pasado por adversidades y, pese a ellas, han decidido seguir confiando en sus sueños. Para lograrlos, ambas se hicieron parte de la comunidad de emprendimiento solidario más grande de Chile.

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