Christian Rodríguez

Embarazo adolescente como promotor de la desigualdad de género

Soy hijo de madre adolescente y mi hermana fue madre adolescente a los 16 años. Para ellas no fue solo una cuestión de embarazarse jóvenes, sino que resultó ser una barrera importante para mejorar las oportunidades en su vida.

Esta realidad es la que viven muchas mujeres en Latinoamérica y en Chile no es distinto. De acuerdo a un informe de Comunidad Mujer -citando cifras del Banco Mundial- América Latina ocupa el segundo lugar de embarazos adolescentes a nivel internacional, con 71 mil nacimientos, estando sólo por debajo de África Subsahariana.

De acuerdo a la misma organización, durante  2016 en Chile nacieron 22.349 niños de madres entre 15 y 19 años, un número que ha disminuido en un 35,6% desde 1990. Y si bien se espera que esta cifra siga disminuyendo con las nuevas políticas públicas de salud adquiridas por el país, debemos continuar en la lucha.

Incluso, haciendo un cruce con el índice de países que pertenecen a la OCDE, Chile ocupa el tercer lugar con 51.500 embarazos adolescentes, detrás de México con 73 mil 600 y Costa Rica cercano a los 62 mil. Por otro lado, según cifras de la encuesta CASEN de 2015 entre el grupo adolescente, la proporción de mujeres que no estudian ni trabajan (término conocido como NINI) es mayor a la de los hombres (10,9% versus 7,6%).

La maternidad es la principal razón por la cual las mujeres que tienen entre 15 y 19 años lideran las filas de las NINI (26,1%), mientras que entre los hombres esta motivación justifica apenas el 0,4%. Y sin ir más lejos, la misma encuesta ya citada dio a conocer que quienes fueron madres a edad temprana tienen menos años de escolaridad, participan en menor proporción del mercado laboral y cuando lo hacen, trabajan en empleos mal remunerados y con más informalidad.

Esta realidad- transversal a Chile y a toda América Latina- nos hace reflexionar sobre varios puntos: embarazos a edades muy tempranas y los tormentos a los cuales son sometidas estas jóvenes una vez que se convierten en madres, siendo extremadamente vulnerables a la violencia, abusos y pobreza, restando posibilidades de continuación de estudios y/o de búsquedas laborales, y limitando la superación de los escenarios adversos.

Sin duda resulta sumamente necesario hacer un llamado a que el mundo público y privado se encuentren en esta materia, a generar un trabajo coordinado, que genere acciones concretas para superar las preocupantes proyecciones, que sólo sugieren que en los próximos 80 años el embarazo adolescente irá en aumento. Es ahora cuando debemos debatir profundamente sobre las aristas del problema, que nos permita hacer un diagnóstico, concientizar a nuestra sociedad y cambiarle la cara a esas miles de jóvenes que sueñan con una vida mejor.

Por Christian Rodríguez, fotógrafo y explorador de National Geographic

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