Juan-Manuel-Fuenzalida

Encapuchados y saqueadores

Manifestarse de manera pacífica es parte de la democracia. Hacer sentir con fuerza nuestras demandas es legítimo. Millones de chilenos lo han realizado durante estos últimos 50 días. El gobierno, los políticos de distintos sectores como también los empresarios, han escuchado dichas demandas.

Sin embargo, algo muy distinto es lo que pasa al final de esas marchas convocadas en su mayoría por redes sociales y por grupos de personas que no tienen interlocutores válidos y/o conocidos. Es así como nuestras ciudades han sido atacadas por el lumpen, los grupos anárquicos, delincuentes comunes y narcotraficantes.

En su actuar no están las demandas sociales, sino que los mueve el resentimiento y sólo las ganas de delinquir y perjudicar al que con esfuerzo ha logrado levantar su pyme y dar empleo a un número importante de personas. Con tristeza vimos como el Hotel Costa Real de La Serena era saqueado y quemado. Afuera un grupo de delincuentes “encapuchados” incluso se dio el tiempo de sacarse fotos, con una copa en la mano, como una señal de triunfo.

Para hacer frente a estos hechos de violencia, tras haberse aprobado en la Cámara de Diputados, el Senado entregó luz verde, en general, al proyecto de ley “antisaqueos” que tipifica el delito de desorden público mediante actos de violencia. De esta manera, el proyecto continúa su avance legislativo, luego de haber sorteado el debate en el hemiciclo con un amplio respaldo.

Lo que plantea esta iniciativa es que “quien valiéndose de una manifestación o reunión pública tome parte violenta y activamente en un hecho constitutivo de desorden público, será sancionado con reclusión menor en su grado medio a máximo”, esto es, desde 541 días a 5 años.

El proyecto forma parte de un paquete legislativo que el Ejecutivo está impulsando en materia de seguridad y orden público, que incluye además la llamada “ley antiencapuchados” y el proyecto que busca habilitar a las Fuerzas Armadas para que resguarden infraestructura crítica.

La “Ley Antiencapuchados” busca que los delincuentes, los anarquistas y el lumpen -esos mismo que vimos en el Hotel Costa Real y en tantos otros puntos de Chile- no puedan esconder su rostro al momento de actuar.

No buscamos, como algunos han dicho por ahí, perseguir a los manifestantes y acabar el movimiento social, no estamos prohibiendo que la gente participe de reuniones públicas y se manifiesten en las calles de manera pacífica, solo que en democracia las personas deben hacerlo con sus rostros libres. Recordemos que “El que nada hace…nada teme”.

Por: Juan Manuel Fuenzalida, Diputado.

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