Por estos días, las noticias sobre la fragata portuguesa en nuestras costas han generado sorpresa y cierta alarma. No es para menos: no estamos acostumbrados a ver este tipo de especies en las playas chilenas, y su sola presencia -influenciada por factores como el cambio climático y fenómenos oceanográficos- despierta temor. Algunos la confunden con una medusa, otros saben de sus peligros, y muchos simplemente se paralizan ante lo desconocido. Esa reacción, sin embargo, no solo es natural; también tiene efectos inmediatos en el turismo.
Cada verano, los destinos costeros de nuestro país viven de la promesa de seguridad, belleza natural y descanso, pero la fragata portuguesa irrumpe en ese relato de tranquilidad. La mera posibilidad de un encuentro con ella puede disuadir a visitantes poco informados y reducir las llegadas a balnearios. Sin embargo, la historia demuestra que estos impactos rara vez son permanentes: el temor inicial se atenúa cuando la información fluye, lo excepcional se vuelve cotidiano, y el diseño de experiencias y la promoción turísticas se van incorporando anticipadamente a estas realidades.
Australia, por ejemplo, es el país con la mayor cantidad de especies mortales. En destinos tropicales debemos tener precaución con el dengue y la fiebre amarilla, mientras que en Indonesia y Florianópolis existe la gran probabilidad de sufrir gastroenteritis o “Bali Belly”, nombre otorgado por turistas que visitan la isla del Asia Pacífico. No hay cambios en estacionalidad ni demanda, aun siendo parte de la realidad y probabilidad de ocurrencia durante el viaje.
Lo importante es que los turistas manejen información real, disminuyendo en lo posible la incertidumbre; trabajar con matrices de riesgo comunicando sobre la probabilidad de que ocurra un incidente, o bien, la gravedad en caso de que ocurra; informar cómo los visitantes se pueden hacer cargo de mitigar los riesgos, a qué autoridades o servicios pueden acudir, y facilitar links y plataformas oficiales informativas. Por ejemplo, en Florianópolis existe un mapa oficial de balneabilidad, que entrega alternativas seguras cuando ciertas playas se encuentran con riesgo sanitario.
Estamos siendo testigos de que la crisis climática genera cambios, y probablemente veremos más fenómenos naturales a los cuales no estamos acostumbrados. Lo fundamental es que los turistas cuenten con alternativas para reducir la incertidumbre y, en caso de imprevistos, se puedan hacer cargo y sentirse en control.
El turismo moderno ya no busca solo paisajes idílicos, sino también entornos seguros, auténticos y bien comunicados. De eso dependerá que la presencia de una fragata portuguesa no se transforme en sinónimo de amenaza, sino en una oportunidad para fortalecer la resiliencia del turismo local en tiempos inciertos.
Por: Mary-Ann Cooper – Directora Escuela de Turismo y Hotelería U. Andrés Bello.










