Estudiante de Periodismo de la región publica su experiencia tras el terremoto del 27 de febrero

Carolina Orellana es estudiante de Periodismo de la Universidad Pedro de Valdivia, sede La Serena. Cuando ocurrió el terremoto del pasado 27 de febrero se encontraba en casa de sus abuelos en la sexta región. Así recuerda lo vivido esa fatídica madrugada. Un testimonio único de una joven de la Región de Coquimbo.

 

3:34 am: la hora que marcó mi vida

Por Carolina Orellana. (PRIMER PARTE)

Coltauco, 6ta región, Chile.- Después de tres días, ya empieza a ser un poco más tranquila la vida aquí donde mis abuelos; ya no se recuerda, ni habla tanto del terremoto, menos de las consecuencias que pudo haber tenido, ni  mucho menos de predicciones  y el fin del mundo, aún así es difícil al menos para mí tomar dimensión de todo lo que pasó, sólo ahora estando más tranquila y con mayor conciencia puedo contar como realmente viví la situación.

La noche del 27 de febrero la puedo recordar desde el comienzo del conocido festival de Viña del Mar, yo al igual que muchas mujeres chilenas estaba esperando ansiosa el show del cantante Ricardo Arjona, cuando salió canté la mayoría de las canciones a todo pulmón, lo que veía en ese momento era un gran espectáculo y quede contenta con la presentación, una vez que se fue del escenario cambie de programación para ver que película podía ver, me detuve en una que  he visto unas diez veces y la sigo encontrando maravillosa, Titanic, así de simple, estaba tan entretenida viéndola, pero en el pasillo de la casa estaba sola y muerta de frío, entonces entré a la pieza y me acosté a verla en el televisor que estaba adentro, creo haber visto como treinta minutos cuando el sueño ya comenzaba a cerrar mis ojos, de pronto el televisor se comenzó a mover, pongo atención, mi cama también se estremecía, era confuso, tenía sueño y en un instante no asimilaba nada, cuando se inicio el temblor no lo sentí como los que yo acostumbraba, hablo de esos que uno presiente cuando vienen porque se oye primero el sonido y después el movimiento; pero en esta ocasión eso no sucedió solo sentía como todo se movía, normalmente no le temo a los temblores así que la primera reacción fue quedarme quieta en la cama esperando a que pasara, de pronto comenzó un remezón muy fuerte, me asusté, trate de despertar  a mi hermano que estaba durmiendo atrás de mi cama, él no despertaba, le dije: – Sergio, está temblando-  él medio dormido se despertó, yo abrí la ventana que estaba junto a mi cama y salté al antejardín por ahí, por primera vez arrancaba tan desesperadamente de lo que todos creíamos era un temblor muy fuerte. Mi hermano se fue a dar la vuelta por el pasillo pasando por dos puertas que quien sabe como las abrió, estábamos los dos juntos y todo se remecía cada vez con mayor intensidad, cuando miro hacia el frente de la casa y veo como las panderetas de un antiguo teatro se caían,  sentí como si estuviera dentro de una película, todo lo veía en cámara lenta.

En un momento se cortaron los cables del tendido eléctrico y enseguida se cortó la luz, quería gritar fuerte, pensé que me iba a desmayar, la cabeza me iba a explotar. Al acordarme de mis abuelos me dio el ánimo y la valentía necesaria para ir a buscarlos, seguía temblando, me iba a devolver por la ventana cuando veo a mi abuela que venía hacia donde estaba yo, le grité, y le dije que se acercara a mí, ella también quería arrancar por el mismo lugar que había salido yo, pero trate de tranquilizarla diciéndole que se quedara dentro de la casa porque la parte donde estaba era firme y fuerte, trate de hacerla entender que en ese lugar nada le iba a pasa nadar, dentro de todo el alboroto se calmó, no podía entender como de mi salían palabras de aliento siendo que yo estaba sumamente nerviosa, en ese momento quería escuchar a mi papá y mi mamá, necesitaba que alguien me contuviera. Seguía temblando, esta vez más fuerte, mi tata no estaba por ningún lugar, me tuve que devolver por las mismas puertas que había abierto mi hermano, por primera vez en mis veintitrés años de vida  me entregue a las manos de Dios, sabía que si iba a buscar  a mi abuelo quizás no saldría con vida, puesto que a la enfermedad que él sufre no lo deja avanzar rápidamente,  aún así fui, tenía que al menos hacer el intento de rescatarlo.

Al entrar a la pieza y a pesar de que estaba todo oscuro, lo pude ver, estaba entre acostado y sentado en su cama, tratando de sujetarse con todas sus fuerzas, le dije que saliéramos de la pieza y su respuesta fue:- Déjame aquí nomás-  en ese momento sus ordenes no me importaron, lo tomé de la cintura y casi corrí con él, creo que ni  siquiera se dio cuenta de su cojera. Estando ya en la pieza los cuatro juntos y a salvo me di cuenta que no temblaba más, pero aún así mi cuerpo seguía tembloroso, me acordé de mis tíos que viven  en unas piezas atrás de la casa de mi abuelo, en unas construcciones de más de cien años (Siglo XIX) con murallas hechas en adobe (barro y paja), con una altura de alrededor de cinco metros  y con tejas que pesan unos cinco kilos cada una. Mi corazón latía rápido, tan rápido que los latidos los podían sentir en mis oídos, en mi cabeza, era extraña la sensación; estaba a pies descalzos y así crucé el pasillo, pasando por sillones y muebles que antes del temblor no se encontraban allí.

Estaba en la esquina del comedor y grité fuerte a mi tía, no escuchaba respuesta, grite nuevamente, esperé, y  todo era silencio, comencé a toser, alumbro con la luz del celular y una nube grande de tierra corría por mi alrededor, mi desesperación era máxima, iba a comenzar a llorar cuando mi tío gritó de vuelta y dijo que estaban bien y que no cruzara porque adentro todo se había derrumbado. Me devolví  a buscar mis zapatillas para ir a buscar por un callejón a mis tíos y a mis dos primos, al momento de cruzar conté hasta tres para pasar corriendo, cuando iba a dar el primer paso mire hacia el costado y la pared de la construcción que estaba ahí se encontraba agrietada y a punto de caerse, me arrepentí de pasar,  llamé al marido de mi tía y vi como empezaron a salir entremedio de la oscuridad y el polvo que a esa hora se veía como una densa neblina , corrieron hasta donde estaba yo, y nos fuimos a la casa… recién ahí pude respirar y sentir como el alma volvía a mi cuerpo, fue horrible.

Después de media hora empezaron a llegar los amigos más cercanos a la familia , los primeros en llegar fueron Kevin y Nicolás los amigos con los cuales habíamos vacacionado hace un mes atrás, nos abrazamos como nunca lo habíamos hecho, a esa hora lo único que queríamos saber es que estábamos todos bien. Los cigarros ya se hacían pocos, la angustia y la ansiedad aumentaban y la gente seguía llegando a nuestra casa.

Los autos pasaban de un lado a otro, la gente se trasladaba con sus pertenencias arriba de los vehículos, muchos lloraban, otros reían, otros se abrazaban, era todo confuso, irónico, catastrófico y yo aún pensaba en la suerte que tuvimos al estar vivos. Después de escuchar por una radio argentina sintonizada en un taxi, que lo  sucedido no era un gran temblor como todos pensaban sino que un terremoto de 8,8 grados, mis sentidos se ampliaron, queríamos hablar por teléfono para ver como estaban nuestros familiares pero estábamos incomunicados, no había señal de celular, no teníamos luz, agua, ni ánimo, era todo desolador, la gente seguía llegando, abracé y salude a algunos que no conocía, compartí con personas que en otra ocasión no hubiera dicho una palabra, en esa situación todo daba lo mismo. Las calles seguían estando llenas de autos algunos rápidos por la desesperación, otros lentos por la precaución.

Siendo alrededor de las 6:30 de la mañana decidimos dormir algo, porque sabíamos que al despertar todo iba a ser duro, tratamos de acomodarnos como pudimos en  las camas, en sofás en el suelo, a pesar de ser verano hacía mucho frío. Estando ya acostados casi todos mis familiares tratábamos de dormir pero las réplicas del terremoto nos mantenían a todos despiertos, cada aproximadamente 5 minutos se sentía un ruido o movimiento de la tierra, en fin, dormir fue inútil, lo único que esperábamos era el amanecer tratando de descansar un poco nuestros cuerpos.

Nota: La Segunda Parte de este testimonio será publicado el próximo miércoles 26 de Mayo.

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