Para derrotar la pobreza: terminar con los campamentos ya

Por: Patricio Domínguez, Director Social Un Techo para Chile

Si le explicásemos a un niño en palabras simples los datos de la última encuesta CASEN sin duda se escandalizaría. Por supuesto lamentaría el aumento en el número de pobres. El asombro vendría de saber que pese a que más del 15% de la población no alcanza lo mínimo para vivir, el esfuerzo que debe hacer el país para cambiar esa situación parece realmente ínfimo. ¿Cuánto cuesta sacar a todas esas familias de la situación de pobreza?  Menos del 1% del PIB.

 ¿Por qué entonces no se ha hecho algo decisivo por terminar con la pobreza? Sin duda la complejidad del fenómeno exige una postura mucho más audaz que la mera transferencia de recursos de parte del Estado. El ingreso familiar ético es un buen avance, pero en ningún caso debiese ser la meta. Como vemos a diario en los campamentos, pasar por una situación de pobreza no sólo pasa por no contar con los ingresos básicos para vivir; lleva aparejado muchas veces que los hijos pueden acceder sólo a colegios de pésima calidad; enfrentar una enfermedad con total incertidumbre respecto del trato y atención en los hospitales; no tener ninguna posibilidad de entender cómo funciona la justicia si alguien les pasa a llevar algún derecho; y, lo más dramático, sufrir la discriminación que hace casi imposible acceder a un buen empleo que permita crecer o levantarse por sí mismo.

 

Pese a que en Chile hemos avanzado muchísimo en los últimos 20 años, los recientes resultados exigen esfuerzos innovadores y sustentables para adelante. Los siguientes pasos requieren esfuerzos adicionales para identificar con exactitud a las personas. Una de las “trampas” de este fenómeno es que muchas veces se esconde tras conductas de informalidad y en espacios físicos marginales. Por eso debemos ir más allá de las políticas de transferencias hacia la garantía de derechos reales a todas las personas, desde programas orientados a los más pobres a políticas que exijan y promuevan la participación y protagonismo de los mismos beneficiarios.

 

Un ejemplo de ello es la meta que hemos escuchado a gobiernos de todos los sectores sobre el término de los campamentos. He ahí un foco claro de trabajo que significará un avance fundamental en la lucha contra la pobreza. Tenemos además la posibilidad de ser el primer país de América Latina que lo logra. Para alcanzarla este año se requieren cuatro cosas fundamentales: Una autoridad presidencial que resuelva los títulos de dominio y urbanización de lugares emblemáticos de tomas de terreno; que se garanticen los subsidios de los proyectos en desarrollo en todo el país; se promueva la organización de quienes aún viven en campamentos y están agrupados en comités y, por sobre todo, coraje para no temer enemistarse con algunos privados que impidan una buena localización de los conjuntos de vivienda social al interior de cada ciudad.

 

Hoy más que nunca está todo dispuesto para que esto ocurra. Seguir postergando esta meta será sólo un tema de voluntad o de falta de ésta.

 

 

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