Cuando una persona sufre un ataque cerebrovascular (ACV), el tiempo puede cambiar todo. Cada minuto sin tratamiento significa más daño cerebral, por lo que actuar rápido puede salvar la vida y disminuir secuelas. Pero hay otra carrera contra el tiempo: la rehabilitación.
Después de un ACV, el cerebro intenta reorganizarse para recuperar funciones alteradas o perdidas; el cuerpo puede volver a moverse, pero no necesariamente de la mejor manera. También tratará de resolver las tareas cotidianas de la forma más rápida posible, aunque eso implique movimientos inestables, poco eficientes o físicamente desgastantes.
Muchas veces esos patrones terminan generando dolor, lesiones secundarias, caídas o un gran cansancio en actividades simples del día. Recuperar un movimiento desde una guía temprana y adecuada suele ser mucho más fácil que intentar modificar meses después una compensación que ya se aprendió.
Por eso la rehabilitación temprana no busca únicamente que la persona “camine” o “mueva el brazo”, busca recuperar el mejor patrón de movimiento posible dentro de la realidad de cada usuario y prevenir complicaciones futuras.
Muchos reconocen a distancia a sobrevivientes de ACV por la forma en que caminan. El arrastre de una pierna, un brazo rígido pegado al cuerpo, la inestabilidad o el esfuerzo excesivo no son solo una característica visible, son el reflejo de cómo el cerebro reestructuró el movimiento después del daño. Aunque algunas compensaciones permiten que la persona logre desenvolverse, muchas pueden moldearse si se interviene a tiempo y optimizar la recuperación de habilidades funcionales.
La diferencia no es menor. No se trata solo de lograr que alguien dé pasos. La pregunta real es cuánto puede caminar, cuánta estabilidad tiene, cuánto se fatiga y si ese desempeño le permitirá volver a trabajar, salir solo, usar transporte público o recuperar parte importante de su vida anterior.
Moverse “de cualquier forma” puede resolver una necesidad inmediata, pero no siempre asegura funcionalidad a largo plazo. Recuperar movimientos de mejor calidad requiere más tiempo, entrenamiento y acompañamiento, pero puede cambiar profundamente la independencia futura.
Cada recuperación es distinta. Hay pacientes que necesitan reincorporarse rápidamente al trabajo y otros que cuentan con más tiempo y apoyo para enfocarse en una recuperación más prolongada.
Aun así, hoy existe algo claro: mientras antes se inicie una rehabilitación orientada no solo a mover, sino a moverse mejor y con un objetivo significativo para el usuario, mayores serán las posibilidades de recuperar participación, autonomía y calidad de vida.
Por: Astrid Cancino – Académica Carrera de Kinesiología – UDLA Sede Viña del mar










