Gabriela-Mistral

“Creo en la poesía, no disparen” Mistral, Gabriela (1945) en Ovalle

Hay ciertas expresiones artísticas o culturales que solo es posible apreciar o disfrutar si uno vive en Santiago o está dispuesto a viajar desde la Provincia a la capital. Cuando supe de la obra de teatro Mistral, Gabriela (1945), pensé que sería así, pero me equivoqué. El Teatro Municipal de Ovalle (TMO) pudo exhibirla recientemente como parte de su cartelera y, como suele ocurrir, de forma gratuita para el público.

La obra es dirigida por Aliocha de la Sotta y su texto fue escrito por Andrés Kalawski, en una producción del Centro cultural de Santiago GAM. La pieza es actuada por un reducido elenco formado por Solange Lackington, en el papel de Gabriela, y Valeria Leyton representando a una y más de una de sus secuestradoras.

Al menos acá en la Región de Coquimbo a veces uno se agota con tanta iniciativa centrada o basada en la Premio Nobel de Literatura, a ratos uno siente que la explotan económicamente o que la usan con distintos propósitos, se aprovechan de que hoy se ha trasformado para algunos en un producto comercial que puede atraer recursos, principalmente del Estado.

Con Mistral, Gabriela (1945), la verdad es que uno se va de sorpresa en sorpresa porque sigue conociendo aspectos nuevos (al menos para uno) sobre la poeta y su entorno. Aparece aquí un personaje muy atractivo por sus recovecos, por su sentido del humor, por su genialidad anticipada a todo, por su contradicción vital.

Y claro, no es que ella discurra libremente, en un soliloquio espontáneo y libre. No, ella dialoga con una joven que la ha secuestrado poco antes de que reciba el Premio Nobel y quiere que la premiada, bajo amenaza, escriba o diga algo en particular. “Hable por nosotras, feministas, a usted la van a escuchar”, algo así señala la chiquilla, segura, vibrante, convencida.

Son dos actrices, pero llenan el escenario. Es una propuesta económica en la producción, en términos de iluminación, vestuarios, efectos especiales, etc. Pero lo que se ahorra en esa parte de la puesta en escena, las actrices lo derrochan en talento actoral. Y, por supuesto, eso ha sido posible gracias al texto lleno de guiños a los buenos lectores. Lo que no solo se agradece, sino que se celebra, se ríe, se llora (lagrimeos varios), se sobrecoge el espectador. Y bueno, aplaude en ovación al final de la obra.

Adquirimos las entradas para ver Mistral, Gabriela (1945) por internet (www.tmo.cl), así nos aseguramos que el viaje de 80 km de ida y 80 km de vuelta tuviera sentido. Asientos numerados y debidamente respetados, muy buena acogida. Teatro lleno. ¡Qué maravilla! La guinda de la torta: las actrices y la directora compartieron en un animado diálogo con el público luego de la presentación. Así desde La Serena-Coquimbo da envidia, ni qué decirlo. Y también, es cierto, dan ganas de volver al TMO.

Por Gabriel Canihuante

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