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“Chao jefe”: ¿Por qué los Millennials quieren emprender?

Despiertas un lunes a las 6.30 am, te duchas, te vistes apurada y medio tragas un café, antes de salir y correr para tomar el Transantiago. Pasa una hora, haces transbordo, tomas el metro y luego de invertir 95 minutos de tu vida que jamás volverán, entras a la oficina y justo chocas con tu jefe, que te mira con mala cara y dice: “De nuevo atrasada Martínez. Esto ya se está haciendo costumbre”. Mientras agachas la cabeza y murmuras una disculpa piensas: ¿De verdad tengo que seguir aguantando a este pelotudo?  ¿No habrá alguna forma más agradable de conseguir dinero?

Ahí mismo, haciendo cálculos mentales, te decides: Vas a emprender por tu cuenta.

Las estadísticas lo confirman, año a año, más personas dejan los temores de lado y surfean las olas del agitado mar del emprendimiento. Según la V Encuesta de Microemprendimiento (EME) 2017 realizada en conjunto por el Ministerio de Economía y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) existen actualmente 1.992.578 microemprendedores formales e informales, de los cuales el 17 % corresponde a empleadores y el 83 % a trabajadores por cuenta propia.

Para Enzo Langer, joven y reconocido empresario del mercado inmobiliario, las razones por las que alguien decide ser su propio jefe tienen que ver principalmente con la necesidad de ponerle un alto a los abusos a los que periódicamente se exponen. “La gente quiere andar a su propio ritmo. Se aburrió de soportar malos tratos y por eso emprender por su cuenta es la solución a todos esos problemas”, asegura.

En su opinión, a pesar de todas las dificultades que hay que sortear y de lo difícil que es conseguir financiamiento para crecer como empresario o empresaria, el emprendimiento es una interesante experiencia que nadie debería dejar de vivir. “Eres dueño de tu tiempo, trabajas a tu propio ritmo y con los horarios que tú decides. Sólo por esa satisfacción vale la pena tirarte a la piscina y correr los riesgos que sea” recalca convencido.

Además, señala que emprender también constituye una llave al conocimiento, pues en la medida en que un emprendedor crece y tiene éxito, también se interesa por viajar, conocer otras realidades y mejorar los productos o servicios que ofrece en el mercado local. “Es un círculo virtuoso y se da una relación win-win, donde todo lo que se consigue beneficia al emprendedor y también a sus clientes”, corrobora.

Una opinión similar tiene Uri Martinich, CEO y creador de la agencia ROI, cuyo camino personal al emprendimiento comenzó a los 5 años, vendiendo los aros viejos de su mamá en el colegio.

Para él, el motivo principal de la explosión de emprendedores en Chile es “existe menos crítica hacia quien decide emprender. Nuestros padres hacían carrera en una empresa, incluso toda su vida. Las nuevas generaciones quieren trabajos con sentido, se cambian de compañías, quieren viajar, vivir en otras ciudades y, también, se atreven más a emprender. No lo ven como algo de genios o privilegiados, sino de quiénes se atreven. Y ellos lo están haciendo más que nunca”.

Por lo mismo, desde su propia y dilatada experiencia de negocios -con una cartera de clientes que crece exponencialmente y planes de expansión al mercado latinoamericano- explica que una vez que recibe a alguien en su oficina, es capaz de analizar rápidamente cuáles son las necesidades comunicacionales que tiene, organizando para él un plan detallado y personalizado de los pasos que se seguirá junto a su equipo para posicionarlo en los medios y la web. “Cuando tienes una microempresa y amas lo que haces como me ocurre a mí, el nivel del producto o servicio que entregas al mercado es de alta calidad y eso se nota y abre un montón de puertas”, subraya.

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