Con lombrices depuran aguas servidas en planta ecológica de Barrick

Una voraz lombriz es el elemento clave de un inusual sistema de tratamiento de aguas servidas que se está implementando en la cordillera de la región de Antofagasta, a 3.200 metros sobre el nivel del mar, en las faenas de la empresa minera Barrick Zaldívar.

 Se trata de una planta de tratamiento de aguas residuales amigable con el medioambiente, que permite recuperar el 100% del agua servida del campamento minero, casino, oficinas, y otras instalaciones, para posteriormente utilizarlo en el riego de caminos y, eventualmente, en áreas verdes

La iniciativa se diferencia de los sistemas convencionales de tratamiento de aguas servidas en el sentido que no emite malos olores, puesto que no contempla el estancamiento de aguas, ni tampoco genera lodos que deben ser desechados de algún modo, incrementando los costos de operación.

El proceso de tratamiento tiene dos etapas principales. En la primera, el agua servida o agua residual es irrigada como en el sistema de regadío de césped y escurre por gravedad a través de un biofiltro constituido por capas de diversos materiales, como por ejemplo aserrín, viruta y piedras.  Aquí se absorbe y procesa la materia orgánica. La capa superior, constituida por aserrín, contiene un gran número de microorganismos y lombrices (Eisenia Foetida). En el aserrín se anida esta  especie de lombriz particularmente voraz con la materia orgánica, lo que permite, en primera instancia, retener el material grueso que contiene el elemento líquido. A medida que el agua escurre hacia las capas inferiores, llega a la capa de piedras, donde se va generando una colonia bacterial que termina con el proceso de destrucción de materia orgánica iniciado por las lombrices. Cuando finalmente el agua residual traspasa todo este sistema de biofiltros, estos organismos han absorbido y digerido la materia orgánica eliminando su principal contaminante.

En una segunda fase del tratamiento, el agua pasa por una cámara donde se le aplica radiación ultravioleta, a fin de eliminar totalmente los gérmenes patógenos que aún persistían. El resultado es un líquido que cumple, como mínimo, con la calidad establecida en la norma de agua de riego.

Producto de su accionar, las lombrices utilizadas en el proceso de purificación del agua servida generan un producto denominado humus, que resulta muy efectivo como abono para la agricultura.

Entre los beneficios de este tipo de planta de tratamiento están su bajo consumo energético, y el hecho que no se agregan reactivos químicos, lo que la hace altamente amigable con el medioambiente. En términos de inversión, alcanza los US$300.000, en comparación con las plantas de similares dimensiones de lodos activados -que se utilizan generalmente en la minería- y que bordean los US$600.000.

La planta, que comenzó a construirse en diciembre de 2009 y hoy se encuentra en marcha blanca, es producto de una alianza estratégica entre Barrick Zaldívar y la Fundación para la Transferencia Tecnológica de la Universidad de Chile (UNTEC). Está última aportó el diseño de ingeniería y su personal continúa apoyando a la empresa en la puesta en marcha y evaluación del funcionamiento.

El 100% del agua servida que ingresa a la planta se puede recuperar, lo que cobra gran relevancia dada la condición desértica de gran parte de la región de Antofagasta. Actualmente opera con un caudal promedio de 4 litros por segundo, lo que implica que al año se podrá reciclar aproximadamente 126 millones de litros. Esto es equivalente al consumo anual de una población como la zona urbana de San Pedro de Atacama, que considera aproximadamente 2.000 habitantes.

Para Robert Mayne-Nicholls, gerente general de Barrick Zaldívar, la experiencia es absolutamente recomendable y podría replicarse en otras faenas, ya que combina factores como un bajo costo de inversión y operación, con el cuidado del medioambiente y el buen uso de los recursos naturales. Al respecto, comenta que “después de más de 15 años de operación, este paso que hemos dado como compañía es una prueba contundente de nuestro compromiso por la eficiencia del uso de los recursos naturales, sobre todo en un área geográfica donde el agua es un tema muy sensible y relevante y por tanto se le exige a la industria que sea muy rigurosa en su uso”.

Según Mayne-Nicholls, se espera concluir la marcha blanca a fines de abril, para entregar los resultados de la planta a las autoridades de salud y de este modo conseguir los permisos definitivos de funcionamiento. Posteriormente, evaluarán la construcción de una segunda planta similar para tratar casi la totalidad de las aguas servidas generadas por el resto de las instalaciones de la mina Barrick Zaldívar. Esto permitirá en total reciclar y reusar anualmente más de 450 millones de litros de agua que hoy se eliminan, equivalente al contenido de 180 piscinas olímpicas.

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