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Jueves, Agosto 11, 2022
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Sanitaria Aguas del Valle presentó planes de acción ante consejeros regionales para evitar racionamientos

Cada vez más preocupante se vuelve el escenario hídrico regional, con casi nulas precipitaciones de nieve y agua durante el último invierno, lo que amenaza seriamente el abastecimiento de agua para consumo humano en localidades apartadas y las ciudades de la Región de Coquimbo.

Una situación abordada en detalle durante la última sesión de la comisión de Desarrollo Social e Inversiones del CORE, en la que expuso el Gerente de la empresa sanitaria Aguas del Valle, Andrés Nazer. En la oportunidad, se detalló que el déficit de lluvias llega a un -81% en La Serena, un 76,7% en Combarbalá y un 67,9% en Illapel, mientras que los embalses siguen disminuyendo en cantidad, con un Puclaro al 32% de su capacidad, La Paloma al 15% y El Bato en un 5,7%.

Una instancia en la que se detallaron las medidas y acciones tomadas para asegurar el abastecimiento de agua potable para la comunidad ante el crítico panorama.

Según lo informado, los volúmenes de agua embalsada actuales no se habían registrado antes en la región. Mientras en 2015 se llegó a un promedio regional mínimo del 22%, recuperándose luego estos niveles embalsados hasta llegar a un 83% en 2017, este 2022 se cayó nuevamente a un 18% promedio embalsado regional.

El presidente de la comisión, consejero Lombardo Toledo, indicó que “en la presentación se fundamentó y reiteró lo que este consejo por largos años ha dicho, diagnosticado y para lo que ha dado propuestas de soluciones para el tema hídrico. Por supuesto que valoramos el esfuerzo que hace la empresa, esperamos que los tiempos que han planteado para tener una planta desaladora se cumplan, pero además el Estado debe tener una mirada proactiva y resolutiva, porque la gente no puede esperar”.

El consejero agregó que el trabajo e intervenciones realizadas desde el CORE en materia hídrica “ha sido muy fundamentado desde antes de 2018, pero a nivel central, por el centralismo exacerbado y la poca mirada de futuro no han dado el ancho para sopesar lo que se viene si seguimos en esa misma inercia”.

Hasta ahora el racionamiento de agua en las zonas cubiertas por la sanitaria se ha evitado a través de diversas acciones implementadas por concepto de sequía, con una inversión superior a los $26 mil millones en obras, además de gastos por un monto similar en arriendo de derechos de agua, compra de agua a particulares, arriendo de camiones aljibe, entre otras alternativas. Lo anterior, adicional a las obras regulares implementadas entre 2011 y 2021.

Como detalló el gerente de Aguas del Valle, Andrés Nazer, “los sectores de Canela Alta y Canela Baja, en el Choapa, y Huamalata, en Limarí, son lugares que hace años estamos reforzando con abastecimiento de agua a través de camiones aljibe, por lo que nunca ha dejado de salir agua de la llave, sin embargo, estas localidades tienen un recurso local absolutamente deprimido y el agua que llega ha sido trasladada desde otras localidades, y hoy esta situación se ha ido ampliando.

Así es como las localidades de Limarí que están entre Ovalle y Combarbalá ya están manifestando una disminución muy importante de sus fuentes, por lo que la única forma de mantener la continuidad en el servicio de agua potable es llevar agua con camiones aljibe desde otras partes, potabilizándola y distribuyéndola”.

En Choapa, los embalses ya están bajo el nivel de descarga gravitacional. Particularmente El Bato llegó a sus niveles mínimos en julio del año pasado y, tras una leve recuperación en invierno, volvió a estar en el mínimo, por lo que hoy se está sacando agua mecánicamente a través de bombas instaladas por la sanitaria para poder extraer las ‘aguas muertas’ en caso de llegar a los niveles actuales.

A medida que la región ha profundizado su proceso de desertificación, la sanitaria ha migrado sus fuentes de abastecimiento de agua. De esta forma, mientras en 2006 se abastecían en un 48% de agua superficial y un 52% de aguas subterráneas, mediante pozos, en 2020 se abastece en un 69% de agua subterránea y un 31% de agua superficial para llevar el agua a los hogares.

Complejo panorama para La Serena y Coquimbo

Respecto del escenario de la conurbación La Serena – Coquimbo, hoy el embalse Puclaro está en un 32% de su capacidad, y, como explicó Nazer, “si mantenemos el uso que se ha hecho durante los últimos años, con un desmarque mínimo del 20%, el agua se va a acabar en noviembre de 2022, llegando a su volumen mínimo, conocido como ‘volumen muerto’. Ese es el escenario más complicado y lo que hemos venido anunciando”.

Para evitar esta situación, que podría derivar en el racionamiento en el suministro de agua potable para los hogares, se mantiene un trabajo permanente con la Junta de Vigilancia de Río Elqui, con el fin de abordar el uso que se dará al agua que queda y su distribución, poniendo énfasis en el agua para consumo humano.

Además, se está ejecutando la construcción de 15 pozos nuevos, que se definieron de acuerdo a estudios hidrogeológicos que indican que la capacidad máxima de captación de agua podría ser de 600 litros por segundos. Lo anterior será finalmente verificado una vez ejecutados los pozos, considerar que las fuentes de agua subterránea igualmente están sufriendo una disminución permanente en sus niveles, por lo que las aguas superficiales, provenientes del embalse, si o si son necesarias para evitar interrupciones del suministro para los hogares.

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