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Lunes, Octubre 5, 2026
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Red de Vecinos de Las Nieves registró datos clave del último gran temporal en la Región de Coquimbo

Entre el 15 y el 23 de julio, un mega evento meteorológico impactó a la Región de Coquimbo, dejando a diversas localidades de la cordillera completamente aisladas. Sin embargo, los cortes de caminos y la falta de conectividad no fueron impedimento para que la red “Vecinos de las Nieves“, un programa de ciencia participativa impulsado por el centro científico CEAZA desde hace ocho años, demostrara su madurez y compromiso territorial.

Esta red heterogénea lleva cerca de 8 años de vinculación y crecimiento, compuesta por habitantes, escuelas y familias de cordillera, y logró registrar valiosos datos de lluvia y nieve tomados sitios sobre los 1100 m.s.n.m.  y que el registro de los años anteriores está disponible en el siguiente mapa.

Nicole Schaffer, investigadora del CEAZA, destaca que hoy cuentan con 17 sitios activos que han sido cruciales este invierno. “Desde junio a agosto de 2026 los Vecinos de las Nieves han observado y medido al menos ocho eventos de precipitación. Excepcionalmente, durante el megaevento en julio se registró nieve en tres sitios entre los 1.310 y 1.672 metros de altura en las provincias de Elqui y Limarí (Horcón, Las Breas, y la Escuela Central Hidroeléctrica Los Molles)”.

Ciencia ciudadana en acción

Para muchos de los voluntarios, el temporal representó un reto sin precedentes. En Alcohuaz (Paihuano), una de las zonas con mayor acumulación de precipitaciones, la incomunicación fue total. 

Juan Carlos Silva, voluntario del programa “Vecinos de Las Nieves”, relata que “fue un proceso bastante largo, estuvimos sin señal bastantes días. Para todos fue algo impresionante la cantidad de agua que cayó, con pulsos muy fuertes”.

Una situación similar se vivió en Valle Hermoso (Combarbalá). Felipe Orrego, profesor de la Escuela Camilo Henríquez, relató que “la localidad quedó completamente aislada. Nosotros como docentes quedamos a la deriva respecto a ir monitoreando las mediciones, pero gracias a nuestros voluntarios (estudiantes y apoderados) de la misma localidad, que ya están interiorizados en este proceso científico ciudadano, se pudo llevar a cabo un seguimiento y registro sistemático y responsable en sus bitácoras físicas”.

Así, los voluntarios del programa sacaron adelante la tarea. “Para mí, este programa de ‘bajar’ la ciencia y que nosotros como simples vecinos hagamos un aporte, creo que es un gran paso. Los vecinos siempre están atentos y preguntando cuánta agua o nieve cayó. Es un aporte para la comunidad, para mí y para la ciencia”, agregó Juan Carlos.

En Rincón Las Chilcas (Combarbalá), la Escuela Rural unidocente Estrella de Belén logró registrar un total de 472 mm de agua caída, una cifra significativamente superior a la de la ciudad. Cristina Araya, docente de dicha escuela, detalla que “el volumen del pluviómetro no permitía dejarlo más de 1 o 2 días consecutivos considerando la cantidad de agua que precipitaba. Afortunadamente, se logró el propósito”.

Araya destaca además el impacto en el aula de estar integrados en este proyecto, pues “refuerza los contenidos que se trabajan con estudiantes, sobre todo en el área de ciencias, registro de datos y gráficos para el análisis, realizar comparaciones y emitir posibles predicciones”.

Adaptación al cambio climático

El programa ha debido adaptarse a la nueva realidad climática de la región. Nicole Schaffer, investigadora del CEAZA, explica que los voluntarios utilizan un kit de bajo costo diseñado por glaciólogas para medir altura, dureza, peso y densidad de la nieve. 

Sin embargo, el escenario ha cambiado: “En el año 2021 incorporamos la medición de la lluvia con un pluviómetro manual, ya que en muchos de los sitios donde en la antigüedad caía nieve, hoy es más frecuente la lluvia”.

Al día de hoy, el centro científico CEAZA continúa poniendo en marcha el programa y buscando estar al día ante este escenario. A partir de este año, los datos de la red aportan al proyecto CLAP (Planificación de la Acción Climática), una iniciativa de 5 años que evalúa la sensibilidad de la biosfera, principalmente de los ecosistemas marinos al cambio climático en la zona central de Chile, con el fin de implementar la planificación de la acción climática a nivel regional, nacional e internacional.

“Ha sido un aprendizaje en conjunto adaptando los experimentos, al contexto de aislamiento territorial, a las edades de cada voluntario y formas de vida de la cordillera, en donde el dato es importante pero no lo más relevante para el conocimiento, destacando su cultura de cordillera y bienestar de vivir en ese territorio”, concluyó Paloma Núñez, encargada de Ciencia Participativa de CEAZA.

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