Milagros Médicos en la Zona Cero

Rolando Carrasco es un joven médico de zona que lleva tres años trabajando en el consultorio de Cobquecura, en la Región del Biobío. La noche del 27 de febrero estaba en Chillán, en su casa, cuando se sacudió la tierra. Este médico, el único de Cobquecura, no dudó en ir a la zona costera a hacerse cargo de las emergencias que comenzaban a vivir los habitantes de esta ciudad de casonas cuyo adobe derrumbado obstruía las calles de madrugada.


A la misma hora, en Quirihue, la odontóloga colombiana Claudia Contreras, estaba sola. Lleva tres meses como directora del hospital local. En su natal Santa Marta, Colombia, jamás vivió un sismo como el que destruyó gran parte del país. Al poco rato también estaba en el hospital.

Como ellos, muchos otros funcionarios de la salud llegaron en forma inmediata a dar apoyo a heridos y lesionados. Traumatismos, en un primer momento, y estrés agudo por el terremoto, a continuación, fueron la demanda inicial.

Los primeros días, reconocieron, no daban abasto. Algunos funcionarios también eran víctimas. Del terremoto. De los derrumbes. Del cansancio. Del miedo.

A los pocos días, comenzaron a llegar a esta zona equipos con ayuda. En este caso particular, de profesionales de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica. En su mayoría jóvenes, médicos, internos, enfermeras, auxiliares, químicos farmacéuticos, asistentes sociales.

Desde el terremoto, tres grupos se han ido relevando para dar continuidad a una estrategia coordinada desde Santiago y apoyada por la Rectoría y la Facultad de Medicina.

La labor de los profesionales de la UC ha permitido descongestionar la demanda, dar un respiro a los equipos locales, que estaban realmente atochados con las necesidades de los damnificados y atender sus propias necesidades.

Con alegría, cariño y sacrificio, viajando horas por caminos deteriorados, durmiendo no siempre en la mejor de las camas y comiendo muchas veces lo que pueden, estos voluntarios se las han ingeniado para entregar afecto y soluciones a los damnificados, quienes lo agradecen.

Los desafíos para los próximos días serán las enfermedades respiratorias y gástricas, el saneamiento ambiental, las desratizaciones y el estrés postraumático, entre otros.

Para los profesionales de la UC, un compromiso. Para los damnificados, un milagro en un momento de dolor.

Fuente: Comunicaciones UCN

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