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FIDE envía carta a subsecretaria de Educación con propuestas y críticas a reforma educacional

Una batería de propuestas, comentarios y críticas al proyecto de reforma educacional, como contribución al debate público en torno a esta iniciativa y defensa de sus planteamientos, remitió la Federación de Instituciones de Educación Particular (FIDE) Regional La Serena a la subsecretaria de Educación, Valentina Quiroga.

La misiva fue entregada al coordinador nacional de Transversales del Ministerio de Educación, Jorge Figueroa, durante su visita a La Serena efectuada el sábado 2 de agosto, con motivo del Diálogo Ciudadano sobre los Alcances de la Reforma Educacional, organizado por el Mineduc y en el cual participó como invitado el presidente regional de FIDE, Mario Thomas. En la ocasión, el dirigente destacó que en dicho encuentro se produjo un rico intercambio de opiniones, a partir del cual se pudieron sacar conclusiones valiosas:

“Queda clara la necesidad de mejorar la focalización de las políticas públicas que se desean implementar. También que es un sentimiento unánime el deseo de mejorar las condiciones de desarrollo de la educación estatal, como asimismo que esta mejora no puede ir en desmedro de la educación particular subvencionada. Ambos servicios han hecho grandes esfuerzos para servir a millones de jóvenes y niños, durante muchos años, y los dos tienen el derecho de seguir trabajando en el ámbito educacional”, dijo.

LA EDUCACIÓN EN EL CENTRO DEL DEBATE

En su carta, de siete páginas, la FIDE Regional La Serena recalca que su interés radica en “tratar el asunto desde la perspectiva de la gestión educativa”, pues a su juicio, el núcleo de la reforma debiera ser la propia educación. “Lo que la ciudadanía anhela (…) es un mejoramiento de la vida en todos los sentidos, también de la educación, y este proyecto no contribuye en ningún sentido a ello. No sólo no se refiere ni orienta hacia tal mejoramiento, sino que rehúye definir qué entenderá por calidad. La calidad de la educación no es cuestión de SIMCE o PSU, porque miles de estudiantes son niños y niñas maravillosos, aunque no sean talentosos en matemática o lenguaje”, indica el documento.

La entidad critica que el proyecto gubernamental obligue a los sostenedores a entregar sus establecimientos a fundaciones o corporaciones, pues ello implicaría perder “control real sobre el colegio y su gestión pierde toda la autonomía que le ha permitido dar identidad a su proyecto educativo”. Agrega que “los recursos fiscales que recibimos los sostenedores se utilizan y apenas alcanza a cubrir las remuneraciones de los docentes y obligaciones previsionales, y en muchos casos, no es suficiente y se cubre con parte de los recursos que aportan las familias”.

El texto agrega que el crecimiento de la educación particular subvencionada se debe, en gran medida, a la percepción ciudadana de que en este tipo de establecimientos existen mejores condiciones de orden y disciplina, siendo ello incluso más importante que los resultados en pruebas estandarizadas o la infraestructura. “La evidencia es dura: apenas las familias tienen unos pocos recursos, huyen de la educación pública. ¿Con qué derecho se les quiere decir ahora a las familias que su esfuerzo no ha servido de nada y que ahora, además, serán castigados y tendrán que volver a un sistema de educación pública?”, destaca.

Relacionado con lo anterior, la FIDE condena toda medida que implique restringir la libertad de los padres para elegir el proyecto educativo que más les convenza para sus hijos. “El derecho a elegir colegios es un legítimo derecho. Si ustedes como gobierno están de acuerdo con nosotros en que lo ideal es que los recursos económicos no sean obstáculos para postular, eso se resuelve de manera sencilla: se aumenta la subvención hasta que cubra el copago y así las familias pueden destinar esos recursos a otros fines”.

El texto resalta que la mayoría de los colegios particulares subvencionados fueron conformados por profesores, con años de experiencia y altamente calificados, quienes debieron realizar grandes esfuerzos para contar con la infraestructura que poseen. “Tuvimos que endeudarnos, contratar créditos, hipotecar nuestras casas o la de parientes, y cumplir las exigencias que nos pusieron los prestamistas, particulares o bancos. El 90% o más de nosotros comenzamos con todos los ahorros que teníamos, y luego fuimos adquiriendo infraestructura con créditos. En este sentido, rechazamos de manera enérgica, por ser una ofensa y un malintencionado juicio, aquello de que por haber recibido y administrado fondos públicos los sostenedores no tenemos derechos sobre los resultados de nuestra propia gestión”.

Asimismo, rechaza la idea de prohibir la selección de alumnos e instalar un mecanismo de sorteo para distribuir matrículas en los casos de establecimientos cuya cantidad de postulantes exceda la de sus vacantes disponibles. “La selección por sorteo es también un mecanismo de selección, pero absolutamente inhumano e indigno (…) porque resta y elimina todo valor al esfuerzo, al trabajo y al talento humano, dejando mejor lugar al azar y a los empujones. Y es indigno, porque rebaja la condición humana a la de un animal que por campanadas toma un lugar u otro”.

La carta finaliza con cinco propuestas, las que incluyen eliminar la obligación de traspasar colegios a fundaciones, sancionando cuando se deba a quienes obtengan beneficios ilegítimos de su actividad; aumentar gradualmente la subvención, incorporando la consulta a los padres y apoderados acerca de si prefieren lo gratuito o aportar recursos; reglamentar mejor los procesos de admisión; ampliar la libertad para elaborar y practicar proyectos y metodologías educativas, currículos y gestión, dando así lugar a que establecimientos con metodologías diversas de probada eficacia –como Waldorf o Montessori– puedan recibir subvención; “y lo más importante, hacer algo histórico, dejar total libertad a los profesores, sostenedores, profesionales de la educación, expertos, investigadores y filósofos, concentrarse en una gran exploración sobre la educación para Chile del futuro, para concordar o arribar a una definición sobre los fines de la educación que no sea un acuerdo entre extremos, sino que sea un ideal en que todos los demás ideales tengan lugar”.

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