se preocupan de entregar contención a los familiares

Cuidados Paliativos: ayudando a vivir sin dolor

Durante un año, Patricia Catalán fue la cuidadora de Clodomiro. Un adulto mayor, que a la edad de 92 años le diagnosticaron cáncer de próstata.

Relata que fueron momentos difíciles, porque nunca se imaginó ver a la persona que “amaba como un padre” sufrir producto de los intensos dolores que le causaba la metástasis en sus huesos. “Cuando me avisaron que tenía cáncer de inmediato tomé la decisión de cuidarlo. Era un proceso difícil, pero nunca me sentí sola. Desde Cuidados Paliativos se preocuparon de todos los detalles, para que él pudiera vivir sus últimos días de una mejor manera”.

Patricia recuerda, que, en el equipo de profesionales de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Provincial de Ovalle, no sólo realizaron un acompañamiento clínico o farmacológico, sino que también emocional. “Eran parte de la familia.  Uno podía llamar a las 7 de la mañana o a las 11 de la noche y siempre estaban disponibles para darme orientaciones o guiarme en el cuidado de mi padre”.

Este año el lema para el día de los Cuidado Paliativos a nivel mundial es “Mi cuidado, mi bienestar”, pues busca resaltar el rol que tienen los cuidadores y los familiares en el cuidado de los pacientes con cáncer. “Ellos son el primer engranaje de esta ardua labor, que busca otorgarle una mejor calidad de vida y que vivan esta fase de la manera más tranquila”, señaló Karla Escalona, médico del programa de Cuidados Paliativos del Servicio de Salud Coquimbo.

En la región, más de 1.800 personas forman parte de este programa que ayuda a aminorar los dolores, tratar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes, para que ellos puedan afrontar de una mejor manera la vida mientras atraviesan por la enfermedad.

Jesús Romano de La Torre, médico jefe de la unidad en el hospital ovallino, explica que es importante que tanto el paciente como la familia sientan “que no están solos en este proceso tan doloroso. Nuestra finalidad es brindar un cuidado integral, que les permita mejorar la calidad de vida, vivir sus últimos días sin dolor y rodeados de amor”.

Para ello los hospitales de la región cuentan con un equipo multidisciplinario compuesto por médicos, enfermeras, psiquiatras, kinesiólogos, nutricionista y asistente social, quienes se encargan de velar por el bienestar del paciente y disminuir el dolor y otros síntomas como náuseas, vómitos, dificultades para respirar, trastornos del sueño, ansiedad, problemas alimenticios, tristeza y depresión.

“Tratamos de que se sientan protegidos y acompañados. Vivimos todo el proceso de la enfermedad juntos, no sólo desde el punto de vista clínico, sino que también emocional, porque muchos de ellos sólo necesitan ser escuchados, sentirse amados, comprendidos y responder a los cuestionamientos del alma”, señala Romano.

Elizabeth Pérez, enfermera de la Unidad de Alivio al Dolor del Hospital de la Serena, reconoce que los Cuidados Paliativos sigue siendo un área desconocida para muchas personas, incluso para aquellos que están cursando la enfermedad. “Es importante reiterar que no sólo nos preocupamos de los pacientes, sino que también de toda su familia. A ellos les entregamos contención y seguridad, mediante la educación, porque es importante ir resolviendo las dudas que se van presentando en el camino para brindarles la tranquilidad de que están entregando los mejores cuidados sus familiares”.

Sin duda que uno de los temas más complejos a abordar es el de la muerte, ya que muchos de los pacientes no cuentan con un diagnóstico favorable. Es ahí, donde el rol del equipo es clave ya que su trabajo consiste en ayudar a entender el proceso. “Tratamos de que la acepten como un proceso natural de la vida, a donde todos vamos a llegar. Es importante ir conversando anticipadamente para poder ir cerrando ciclos y así cuando llegué el momento exista una paz interior y el paciente pueda partir tranquilo”

“Sus últimos días rodeada de amor”

El especialista del hospital Provincial de Ovalle explica que la cercanía y confianza que logran con las familias les permite realizar su trabajo de una manera más amigable y tranquila. “Solo queremos que vivan sus últimos días de la mejor manera, tranquilos y rodeados de amor”.

Así fue el caso de una joven madre de 36 años, a quien durante el proceso de su segundo embarazo se le diagnosticó cáncer cérvico uterino.  Debido a su estado gestacional no se realizó ninguna terapia, lo que generó que la enfermedad avanzara rápidamente.

“Este ha sido uno de los casos que más me ha impactado, debido a la edad de la paciente y la de sus hijos. Recuerdo que cuando ella tuvo a su bebe, ya estaba con mucho dolor producto de la metástasis en sus huesitos. Como unidad, nos esmerados en tratar de controlar el dolor, pero sin que ella perdiera el grado de conciencia para que pudiese compartir con su hijo y disfrutar con él. Tuvo la posibilidad de estar cerca de un año con él y de dejar esa impronta tan valiosa de las madres en sus hijos. Si bien, fue un caso muy triste y doloroso, su familia siempre estuvo agradecida de que le hayamos dado la oportunidad de disfrutar de su hijo”, relata Romero, especialista del hospital provincial de Ovalle.

Elizabeth Pérez, enfermera del hospital serenense, señala que es imposible no involucrase emocionalmente con cada paciente, ya que cada uno de ellos tiene historias distintas. “Nos duele perder a nuestros pacientes, pero la gratitud de la familia te reconforta para seguir dando la mejor atención”. Según relata, la angustia de perder a un paciente “la superamos conversando entre nosotros”.

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