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Dispositivos inteligentes: Brecha tecnológica de padres e hijos

Vivimos en un mundo cada vez más virtualizado, en el que los niños a corta edad tienen acceso a dispositivos inteligentes. Hacer tareas, recibir clases en línea, ver películas, jugar e incluso reunirse con familiares y amigos son solo algunos de los usos que le dan a la tecnología.

Este no tan nuevo hábito ha crecido exponencialmente año tras año, y es que la tecnología nos envuelve a todos gracias a sus ilimitadas opciones. Sin embargo, este mundo tecnológico no es algo que algunos padres hayan experimentado a temprana edad.

Una reciente investigación realizada por ESET sobre las experiencias de padres e hijos con la tecnología, en especial con los teléfonos móviles, destaca la gran brecha en la posesión de teléfonos móviles en la infancia entre ambos grupos.

El estudio, que consideró a padres de niños de 10 a 18 años en el Reino Unido, reflejó que la edad promedio para tener un primer teléfono móvil era 24 años, a pesar que el 44% de los encuestados lo recibían después de los 21 años. Sin embargo, en la actualidad la edad promedio de sus hijos para obtener su primer teléfono es de 11 años.

“El uso de celulares se ha popularizado cada vez más en los últimos años. Hoy las tecnologías que ofrecen estos dispositivos están al alcance de todos. Los niños no son la excepción y crecen con la digitalización de la mano, con celulares propios a temprana edad”, afirma Camilo Gutierrez, Jefe de Laboratorio de ESET Latinoamérica.

Un claro ejemplo de la brecha generacional son las computadoras de escritorio, utilizadas comúnmente en la década de 1980, que llegaron a las aulas y las oficinas mientras muchos padres de hoy todavía estaban en la escuela. Estas primeras computadoras operaban comúnmente en Internet por marcación, lo que significa que las capacidades de navegación eran algo limitadas.

Hoy en día, los niños poseen más potencia informática en su teléfono que la que tenían sus padres en una computadora de escritorio de tamaño completo, y tienen acceso a Internet de banda ancha de alta velocidad e Internet móvil 4G.

“Los niños del siglo XX dependían de los teléfonos de casa, y más tarde de los teléfonos móviles rudimentarios, para coordinar sus planes, pero hoy en día los niños pueden comunicarse con sus contactos a través de una gran cantidad de plataformas de mensajería y redes sociales, comunicándose con texto, imágenes, videos y mucho más”, asegura Gutierrez.

Esencialmente, los niños ahora tienen una computadora, cámara, estéreo, reproductor de video y más, en un solo dispositivo las 24 horas del día. Ciertamente es tentador para ellos el uso constante de estos, pero es necesario asegurarse de que los estén usando de manera segura.

Consejos para cuidar a los más pequeños en Internet

El mejor consejo para los padres es “hablar con los niños”, el diálogo y el acompañamiento es importante para enseñarles cómo deben manejarse en internet. Por esto, ESET comparte cinco recomendaciones para facilitar esta conversación:

  1. La tecnología es un medio para acercarse a los niños. Muchos adultos creen que no es necesario hablar con los chicos de temas relacionados con la seguridad en línea, ya que asumen que “ellos saben más de tecnología”. Si bien pueden saber cómo usar los dispositivos, compartir contenido o configurar una aplicación, también es verdad que pocas veces son capaces de reconocer los riesgos asociados. Sin embargo, un adulto es capaz de reconocer y entender los peligros a los que se expone en estas mismas situaciones.

Por esto, se recomienda a los padres que si hay aplicaciones que nunca utilizaron, nuevas modas que no entienden o todo un mundo digital que les parece extraño, no hay nada mejor que animarse a explorar y aprender a usarlos junto a sus hijos. Compartir estos momentos es clave para acompañar a los chicos en el mundo digital, y mientras ellos les enseñan, podrán identificar los riesgos, explicarles los peligros y cómo cuidarse.

  1. Establecer reglas claras con compromisos de ambas partes. Establecer reglas claras y explicarles los riesgos son la clave para acordar un uso tecnológico responsable. Medidas como dónde y en qué momento se pueden utilizar los dispositivos; no responder mensajes desconocidos, no descargar material indebido o acceder a contenido restringido a mayores de edad son algunas de las cosas a aclarar. No se trata solamente de prohibir o restringir una actividad, sino de que entiendan la razón por la cual deben ser cuidadosos.

Asimismo, los adultos también deben comprometerse a respetar su privacidad y ofrecerles un espacio de diálogo donde ellos puedan plantear sus problemas e inquietudes, con el objetivo de generar un vínculo de confianza con ellos.

  1. Hacer analogías con el mundo físico. Utilizar ejemplos sirve para explicar o ilustrar una afirmación y generar una idea más clara. En el caso del mundo digital, resulta mucho más sencillo para los niños poder dimensionar un peligro si se compara con una situación análoga en el mundo físico. Por ejemplo, así como les enseñan que no deben hablar con extraños en la plaza o en la calle, en Internet es exactamente igual. En Internet debemos considerar extraños a aquellos que no conocemos en el mundo físico, ya que no tenemos forma de verificar quién está realmente detrás de la pantalla.

  2. Formular preguntas disparadoras. A veces, comenzar una conversación acerca de qué hacen los niños en Internet puede ser complicado e incómodo. Para eso, lo mejor es tener a mano una serie de preguntas que buscan generar diálogo y abrir un canal de comunicación fluido entre chicos y adultos. Eso sí, es importante que estas preguntas siempre se hagan desde una postura de interés y no de control y restricción.  ¿Qué redes sociales estás utilizando? ¿Qué te divierte de ella y por qué la utilizas? ¿El perfil es abierto o cerrado? ¿Quién puede ver lo que subes? ¿Cuántos contactos tienes?

  3. Enseñar con el ejemplo. Muchos padres se preocupan por la privacidad de sus hijos en línea, por las fotos que suben a una red o la cantidad de amigos con los que interactúan diariamente, pero luego son ellos mismos los que comparten públicamente fotos de las vacaciones o eventos familiares, no despegan la vista del celular o descargan aplicaciones fraudulentas o material ilegítimo. Como dijo Albert Einstein: “Educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”.

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