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Martes, Septiembre 22, 2026
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La extraordinaria coincidencia OVNI que marcó el 23 de septiembre de 1978

El 23 de septiembre de 1978 quedó marcado por una extraordinaria coincidencia: ese día se registraron dos presuntos encuentros cercanos protagonizados por ciudadanos chilenos, separados por más de mil kilómetros.

El primero tuvo como escenario la Quebrada de Macul, en Santiago. El segundo ocurrió en territorio argentino, durante el Rally la Vuelta a Sudamerica. En ambos relatos aparece un elemento en común: vehículos que, según sus ocupantes, fueron levantados del suelo por una misteriosa luz.

Padre e hijo aseguran haber sido abducidos en Santiago

Alrededor de las 17:30 horas, el empresario chileno Alejandro Hernández y su hijo Robinson transitaban en automóvil por la Quebrada de Macul cuando observaron unas luces de comportamiento extraño.

De acuerdo con el testimonio entregado posteriormente por Hernández, una figura luminosa se habría situado sobre ellos y el vehículo habría comenzado a elevarse. Padre e hijo aseguraron que fueron llevados al interior de una máquina de origen desconocido.

Imagen del Diario La Tercera.

Años más tarde, Alejandro Hernández —hoy fallecido— recordó la experiencia en una entrevista concedida al programa “Mucho Gusto” de Mega: “Mi hijo me dice: ‘Mira, papá, por el parabrisas, ¿qué es eso?’. Era una figura en el aire que despedía luces amarillas y rojizas y zigzagueaba. Estaba sobre nosotros y veo que el auto se empieza a distanciar del suelo. Yo no creía en estas cosas”.

El episodio de la Quebrada de Macul es considerado uno de los presuntos casos de abducción más conocidos de la ufología chilena. Su historia ha sido reconstruida en diferentes programas de televisión, entrevistas e investigaciones posteriores. 

Pilotos chilenos desaparecen durante histórico rally

Horas antes, cerca de las tres de la madrugada, los competidores chilenos Carlos Acevedo y Miguel Ángel Moya circulaban en un Citroën GS por la ruta que une Viedma con Bahía Blanca, en Argentina.

Ambos participaban en la Vuelta a la América del Sud, competencia disputada entre el 17 de agosto y el 24 de septiembre de 1978. La prueba recorrió diez países y aproximadamente 28.592 kilómetros, por lo que es recordada como una de las carreras automovilísticas más extensas de la historia. 

Según el relato de los chilenos, una intensa luz amarilla y violeta se aproximó desde atrás, envolvió completamente el automóvil y les impidió observar el camino. Acevedo aseguró que, al mirar por una de las ventanillas, advirtió que el Citroën se encontraba suspendido sobre el suelo.

A treinta kilómetros de Viedma vi por el espejo retrovisor que se acercaba una luz densa de color amarillo y violeta. Primero pensé que se trataba de un coche y, por la velocidad que traía, tenía que andar a unos 300 kilómetros por hora. Intenté darle paso y me corrí hacia la izquierda. Entonces la luz inundó todo el habitáculo y no pudimos ver más allá del capó del auto”.

Acevedo agregó: “Miré por la ventanilla y comprobé que nos encontrábamos a dos metros del piso. Creí que era un lomo de burro, pero continuamos subiendo y entonces tomé conciencia de que algo completamente distinto estaba sucediendo”.

Los pilotos sostuvieron que perdieron aproximadamente dos horas y aparecieron unos 70 kilómetros más adelante, sin recordar lo sucedido durante ese intervalo. El kilometraje del vehículo no habría coincidido con la distancia recorrida y la tripulación se habría saltado controles intermedios, lo que finalmente provocó su exclusión de la competencia. 

Una fecha singular para la ufología sudamericana

Hasta hoy no existe una explicación convencional ampliamente aceptada para ambos relatos. Se trata de experiencias reconstruidas principalmente a partir del testimonio de sus protagonistas y de antecedentes periodísticos posteriores.

Sin embargo, la coincidencia continúa siendo extraordinaria: el mismo 23 de septiembre de 1978, tres chilenos aseguraron que los vehículos en que viajaban fueron elevados por luces desconocidas, en dos puntos distintos de Sudamérica.

A 48 años de aquellos episodios, la Quebrada de Macul y la ruta entre Viedma y Bahía Blanca permanecen inscritas entre los escenarios más recordados de la historia del fenómeno OVNI en Chile y Argentina.

“Estos dos episodios ocupan un lugar muy especial en la historia de la ufología sudamericana. Resulta extraordinario que, durante una misma jornada y en lugares tan distantes, ciudadanos chilenos hayan relatado experiencias con elementos tan similares, como la presencia de intensas luces y la elevación de sus vehículos. Son sucesos que forman parte del patrimonio histórico de la investigación OVNI y de las historias que rescatamos y difundimos en el Museo OVNI de La Serena”, señaló Cristian Riffo, periodista y director del Museo OVNI.

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