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Martes, Septiembre 8, 2026
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¿Culpa de las pantallas? Qué hay detrás de los preocupantes resultados de Chile en la Prueba PISA

Chile volvió a mostrar dificultades en la Prueba PISA 2025. Los estudiantes de 15 años obtuvieron 403 puntos en matemáticas y 436 en lectura, ambos resultados inferiores a los registrados en 2022 y bajo el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En ciencias, el país alcanzó 442 puntos y se mantuvo relativamente estable.

La trayectoria de la última década profundiza la preocupación. Desde 2015, la proporción de jóvenes que no alcanza el nivel mínimo aumentó 10 puntos porcentuales tanto en matemáticas como en lectura.

Marianela Navarro, académica de la Escuela de Educación de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que este deterioro forma parte de una tendencia internacional, pero advierte que eso no permite relativizar la situación del país. “Chile parte desde niveles de desempeño más bajos que el promedio de la OCDE, por lo que esta tendencia global de deterioro nos pilla en una posición más vulnerable”, señala.

Para la especialista, la preocupación va más allá de un puntaje. La matemática permite razonar, interpretar información y resolver problemas, mientras la lectura entrega herramientas necesarias para aprender en otras áreas. Cuando estas competencias no se consolidan, explica, también pueden verse limitadas la autonomía, la continuidad de las trayectorias educativas y la participación plena en la sociedad.

Tecnología y aprendizaje: una relación que exige cautela

El informe entrega antecedentes que vuelven a poner a las pantallas en la discusión. En Chile, 48% de los alumnos señaló que sus compañeros suelen distraerse con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias, frente a 28% promedio de la OCDE. No obstante, el organismo advierte que, en el caso chileno, esa distracción no se asoció con diferencias estadísticamente significativas en el desempeño.

Navarro pide, por lo mismo, evitar explicaciones únicas. “Sería un error concluir que la tecnología explica por sí sola la caída de los aprendizajes”, sostiene. A su juicio, el desafío está en cómo se enseña a utilizar estas herramientas sin reemplazar procesos esenciales como la atención, la reflexión, la perseverancia y, especialmente, el pensamiento crítico.

Otra señal que preocupa a Navarro son las brechas de género. En Chile, los hombres superaron a las mujeres por 18 puntos en matemáticas y nueve en ciencias, mientras en el promedio OCDE prácticamente no existe diferencia en esta última área. Para la académica de la Uandes, estos resultados obligan a revisar las experiencias educativas, las expectativas y los estereotipos que pueden influir en cómo las niñas perciben sus propias capacidades y las posibilidades que imaginan para sí mismas.

Pese al panorama, la experta destaca una señal positiva: entre 2015 y 2025 se redujo la brecha socioeconómica en ciencias gracias a la mejora de los estudiantes más desfavorecidos y no a un retroceso de los más favorecidos. “Las desigualdades educativas no son inevitables”, afirma, y plantea que este avance invita a identificar qué condiciones hicieron posible ese progreso y qué aprendizajes pueden extraerse de ellas.

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