Un trabajo firme y consagrado

Felipe Berrios, capellán y fundador de Un techo para Chile, quien este lunes 17 dejará su puesto en la fundación, y viajará a África a misionar nos envió un mensaje para todos los chilenos.

 

Por Felipe Berrios, Cepellan y fundador de Un Techo para Chile.

 

En 1997 en Curanilahue nace Un Techo Para Chile. Nadie podía prever a qué llegaría lo que allí se gestaba. Pero así como es predecible que si se mezcla aserrín con bencina y se le agrega una chispa algo pasará, así también se podía prever que si se unían quienes más han tenido oportunidades en la vida, como son los universitarios, con quienes menos las han tenido, como son los pobladores de campamentos, y se les agregaba la chispa del idealismo y la fe algo grande sucedería. Lo que sucedió fue Un Techo Para Chile.

 Terminar con los campamentos en Chile es un paso importante para poner fin a la exclusión y el clasismo que margina e impide un desarrollo real. De las más de 130 mil familias que vivían en campamentos en 1997, hoy quedan alrededor de 20 mil. Un Techo Para Chile está trabajando como entidad organizadora de la demanda de 10 mil familias. Ya estamos en el “raspado de la olla” para ser el primer país en Latinoamérica que termina estructuralmente con los campamentos, lo que significa que la gran mayoría de las familias estarán habitando sus casas, en las que participaron en su ubicación, ahorro y diseño. Otras se estarán construyendo y un remanente estará con sus proyectos aprobados y subsidios otorgados.

En esto está Un Techo Para Chile, esparciéndose bajo el nombre de Un Techo Para Mi País por toda Latinoamérica. Ya estamos en 16 países. En Chile hace cuatro años que estamos trabajando en las viviendas definitivas, impulsando la habilitación social, convocando a particulares a mejorar los proyectos constructivos y utilizando eficientemente los subsidios del Estado.  Hace dos años que ya no construíamos mediaguas.

Pero vino el terremoto y no podíamos quedar indiferentes ante la catástrofe. Sin descuidar las viviendas definitivas ni el trabajo en Latinoamérica nos abocamos a la tarea del terremoto. Previendo que la generosidad de los chilenos llegaría, nos endeudamos y comenzamos a construir viviendas de emergencia.  A la semana del terremoto, con todas las dificultades logísticas, ya teníamos levantadas doscientas viviendas de emergencia y seguíamos trabajando.

Mientras parte del país estaba estupefacto frente al televisor viendo la magnitud de lo vivido y a otros la soberbia los hacía mirar hacia afuera buscando una “solución de país desarrollado” los chilenos terremoteados la estaban pasando mal. Quedaron atrás las escenas de un Chile feo y surgió, gracias a la Teletón, lo que todos esperábamos, el Chile de la solidaridad que se levanta ante lo adverso. Chile ayudó a Chile y así con los recursos necesarios pudimos continuar la tarea de construir 20 mil viviendas de emergencia.

Los voluntarios del Techo no se amilanaron ante la adversidad y las críticas y jóvenes universitarios,  y secundarios, empresas y pobladores no pararon de trabajar. Sin ser el Estado con todo su aparataje y recursos, en tiempo record podemos decir que a dos meses y medio del terremoto hemos terminado de construir –con la gente y para la gente- las 20 mil viviendas de emergencia que los chilenos nos encomendaron. Ya sin la exigencia del compromiso pero con la misma pasión seguiremos colaborando en todo lo que sea necesario y junto a quien sea para seguir aliviando el sufrimiento de tantos chilenos. 

Como capellán siento que mi tarea está cumplida, los compromisos bien encaminados y Un Techo Para Chile firme en sus propósitos así que me siento en libertad de servir en otras latitudes donde el desafío es el hambre, el sida y la muerte.

 

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