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Organillero mantiene viva una tradición familiar de más de 120 años

Alegra el almanaque con sus tonalidades musicales a veces monótonas, en otras más rítmicas, que inundan las calles sin que molesten al oído, y por el contrario, enternecen, llaman la atención y hasta invitan a detenerse a mirar su arte…

Don Gustavo Muñoz nació en agosto de 1937 en la ciudad de Valparaíso y desde los 12 años acompañó a su padre quien deleitaba a los turistas con las hermosas melodías obtenidas en su organillo traído de Alemania.

Don Gustavo Muñoz nació en agosto de 1937 en la ciudad de Valparaíso y desde los 12 años acompañó a su padre quien deleitaba a los turistas con las hermosas melodías obtenidas en su organillo traído de Alemania.

Tras la muerte de su progenitor, Gustavo Muñoz quiso mantener viva la tradición y hoy recorre todo el país. Por estos días y durante todos los veranos, se le puede ver en la esquina de Cordovez y Prat junto a su señora, oriunda de la localidad de Algarrobito. “Yo soy nacido en Valparaíso, son del cerro barón, pero me fui a los 27 años a Santiago. Pase todo la juventud en el puerto, donde recorría todas las playas, incluso fue hasta el norte. Empecé como a las 12 años, y por eso años ganaba en un día lo que le pagana a un jornalero en la semana”, contó a LA REGIÓN.

El organillo es un instrumento musical en forma de pequeño piano u órgano, generalmente portátil, con un mecanismo interior formado por un cilindro con una serie de púas o salientes que, al girar mediante una manivela, van levantando unas piezas de metal y haciéndolas sonar.

No es un instrumento tan delicado, y este tiene 120 años y todavía suena bonito. Es todo firme, con buenos repuestos, como buena pieza alemana. En Santiago hay una persona para afinarlo, que es lo más delicado. Estos equipos de aquí de Chile mi papá lo importaba y llegaban a la casa rica en Valparaíso y ahí lo retiraban. Llegaban en barco”, dijo Muñoz.

CON SU LORITO

Para hacer aún más atractiva la función, don Gustavo Muñoz cuenta con la ayuda de su incondicional y querida mascota; un lorito Choroy. “La pega del lorito es sacarte el horóscopo y los deseos a la gente. Tiene 17 años acompañándome y se alimenta maravilla, nueces y todo tipo de frutas. Come de todo y la manzana le encanta.  En Santiago yo trabajo en el Parque Arauco. Organillos verdaderos quedan muy pocos, hay unos que son mulas, que dicen que están tocando pero es un disco. Yo conozco todo Chile, aquí a uno no le falta la plata, nunca, hay días que se recibe más y otros días menos pero siempre se tiene para vivir”, aseguró.

Nos cuenta que tiene un cariño especial por La Serena y que viene desde hace muchos años. “Yo la conozco desde que estaba el otro mercado, donde llegaban los caballos a tomar agua a la pileta, ahí donde está La Recova. Los cocheros que llegaban hasta la estación traían a los pasajeros para acá arriba a los hoteles”, recuerda.

A sus 79 años, don Gustavo Muñoz, reconoce que es muy difícil que alguno de sus cuatro hijos pueda continuar con la tradición, pero asegura que seguirá trabajando para compartir las hermosas melodías de su organillo con el público y espera regresar a La Serena en el próximo verano.

FUENTE: PUBLICADO EN DIARIO LA REGIÓN

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