Gonzalo Cortés

Contento, Señor, contento

Este martes 18 de agosto se cumplen 68 años desde la partida del padre Hurtado, a los 51 años, víctima de un cáncer al páncreas, del que nunca se quejó. Siempre repetía: “Contento, Señor, contento”.

Hoy, después de cinco meses de confinamiento, mientras continúan los muertos, los cesantes, los quebrados y se empobrecen los que ya eran pobres, cuesta más que nunca decir: “Contento, Señor, contento”. El mismo día que murió Alberto Hurtado, un diario publicó: “Nuestros días necesitan apóstoles como él”. ¿Quién habría imaginado que seis décadas después lo necesitaríamos con tanta urgencia? Lo lógico era pensar que el hacinamiento, la salud y el hambre serían cosa del pasado, pero la pandemia nos restriega en la cara que poco de eso estaba solucionado y que la crisis golpea más fuerte a los excluidos. Muchos han muerto por Covid-19, incluso en nuestros programas sociales, acogidos y trabajadores del Hogar de Cristo.

¿Qué diría el padre Hurtado si aún viviera? ¿Lo veríamos tuiteando en redes sociales movilizando las conciencias? Seguro, pero estaría más que nada haciendo todo lo necesario por los más pobres y desvalidos. Una voluntaria de casi 90 años, Elena Donaire, que conoció a Alberto Hurtado, lo recuerda como “un gallo medio hiperkinético porque siempre andaba haciendo algo, era un hombre porfiado que no paraba de ayudar”. Como él mismo decía: “Menos palabras y más testimonio de vida”.

Es cierto: hoy la pandemia nos tiene exhaustos, pero cuando flaqueamos, es bueno recordar a nuestro fundador, repetir su mantra: “Contento, Señor, contento” y seguir adelante, ayudando a los más desvalidos y pidiendo ayuda para hacerlo, porque nadie se salva solo.

Por: Gonzalo Cortés, jefe de operación social de Hogar de Cristo.

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