Karla Cárdenas

Desperdicio de alimentos

Un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano se desperdicia, lo que a nivel mundial representa mil 300 millones de toneladas de comida al año, según lo que indica la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Estas pérdidas repercuten fuertemente en la seguridad, nutrición y sostenibilidad de los sistemas alimentarios, debido a la gran cantidad de recursos que se utilizan para producir alimentos que no son consumidos y que podrían ser utilizados para cubrir las necesidades calóricas de millones de personas que sufren hambre.

Las causas varían desde la producción agrícola inicial hasta el consumo final en los hogares. En países de menores ingresos, las mayores pérdidas se dan en las etapas de procesamiento y distribución, en tanto, en países de altos ingresos, esto sucede en la etapa de consumo.

En esta lógica, es crucial concientizar a la población respecto a que nuestros recursos naturales son limitados y que producir alimentos que no se consumirán implica un elevado impacto ambiental. Actualmente, la producción de comida genera alrededor del 30% de gases de efecto invernadero, deforestación y pérdida de biodiversidad, y representa el 70% del uso de agua dulce, además de ser una causa importante de su contaminación. Por ello, resulta de suma importancia generar un cambio para optimizar la utilización de recursos, pues de esto depende la producción actual y futura de los alimentos.

En nuestro país, gran parte de los desechos de alimentos se producen a nivel consumidor, por tanto, las medidas que se pueden implementar para reducirlo son, por ejemplo, planificar el menú de la semana antes de ir de compras, teniendo en cuenta lo que está disponible en el hogar; no ir al supermercado con hambre, así disminuye la adquisición de productos innecesarios; si se lleva algo próximo a vencer, priorizar su consumo; también se pueden almacenar los alimentos con la fecha de vencimiento a la vista, guardando los más frescos atrás; y refrigerar o congelar la comida preparada sobrante (rotulada con fecha de preparación). Así, con pequeños cambios podemos lograr grandes resultados y contribuir a disminuir el desperdicio de alimentos en nuestro país.

Por: Karla Cárdenas Académica Escuela de Nutrición y Dietética Universidad de Las Américas UDLA

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