Los microplásticos son todas aquellas partículas menores a 5 mm, estos ya no son solo un problema ambiental, están en el aire que respiramos, en el agua que bebemos y los alimentos que consumimos. Como era esperable, también en la vida cotidiana de perros y gatos.
Diversos estudios recientes han confirmado que las mascotas están expuestas a microplásticos de forma constante, principalmente a través del polvo del hogar, el agua potable y algunos alimentos. Incluso, se han detectado este tipo de partículas en sus tejidos, lo que demuestra que no solo están en el entorno, sino también dentro del organismo.
El mayor problema es que aún no está del todo claro qué efectos tienen en su salud. Sin embargo, investigaciones en modelos animales indican que los microplásticos pueden generar inflamación, estrés oxidativo y alteraciones gastrointestinales.
Dado que comparten el mismo entorno que las personas, e inclusive, tienen conductas que aumentan su exposición como morder objetos o lamer superficies, los investigadores sugieren que los riesgos podrían ser similares a los que se describen en humanos. En ese sentido, nuestras mascotas podrían funcionar como especie centinela de lo que ocurre en el ambiente doméstico.
Pese a estas señales de alerta, la evidencia en animales de compañía aun es limitada. La mayoría de los estudios se han realizado en condiciones experimentales, por lo que existen dudas sobre los efectos reales a largo plazo.
La ciencia avanza y aunque no es posible eliminar completamente la exposición, pero si se pueden reducir algunos riesgos aplicando algunas medidas de forma cotidiana. Por ejemplo, es recomendable preferir recipientes de acero inoxidable, cerámica o vidrio y realizar una limpieza frecuente de estos mismos. Evitar juguetes plásticos de baja calidad o muy deteriorados. Mantener una buena ventilación y limpieza del hogar. Además de considerar el origen y la calidad del alimento y reducir el uso de textiles sintéticos tanto de uso humano como de uso animal.
Debemos tener conciencia de que los microplásticos ya son parte del contexto en el que viven nuestros pacientes. Y aunque aún no tengamos todas las respuestas, sí tenemos suficiente evidencia como para empezar a mirarlos con más atención. Desde el enfoque One Health, esto no es solo un tema ambiental, sino un desafío compartido entre la salud animal, humana y el entorno. Probablemente, uno de los tantos que la medicina del futuro tendrá que aprender a integrar.
Por: Marcelo Cuevas Quitral – Médico Veterinario – Hospital Clínico Veterinario UNAB











