El miedo a equivocarse, sentirse observado o pensar demasiado antes de responder puede hacer que una persona que comprende inglés tenga dificultades para hablarlo. Detrás de este fenómeno existe un concepto conocido como “filtro afectivo”, que pone el foco en el papel que cumplen las emociones al momento de aprender y utilizar un segundo idioma.
“Entiendo perfectamente lo que me están diciendo, pero cuando tengo que responder, me bloqueo”. La sensación es conocida por muchas personas que han estudiado inglés durante años y que, pese a comprender conversaciones, leer textos o incluso manejar un amplio vocabulario, sienten inseguridad cuando llega el momento de hablar.
¿Por qué ocurre? Aprender un idioma no es únicamente incorporar vocabulario y estructuras gramaticales. También supone atreverse a utilizarlas, equivocarse, probar nuevas formas de expresarse y desenvolverse en situaciones donde no siempre existe certeza sobre si lo estamos haciendo correctamente.
Aquí aparece el concepto de “filtro afectivo”, desarrollado en el ámbito de la adquisición de segundas lenguas. Se trata de una barrera emocional que puede elevarse cuando predominan factores como la ansiedad, la vergüenza, el temor al error o una baja confianza. Aunque exista conocimiento, estas emociones pueden dificultar que la persona participe y ponga en práctica lo aprendido.
Del “saber inglés” a atreverse a usarlo
Esta mirada también ha llevado a replantear la forma en que se enseña un segundo idioma. Si el miedo a equivocarse puede transformarse en una barrera, generar instancias donde el inglés se utilice de manera cotidiana, espontánea y con un propósito concreto adquiere especial relevancia.
Una de las metodologías que apunta en esa dirección es el Active Learning o aprendizaje activo, que propone que los estudiantes tengan un rol más participativo: conversar, resolver problemas, trabajar colaborativamente, crear o tomar decisiones utilizando el idioma como una herramienta y no solo como un contenido que deben aprender.
Este enfoque es parte de la enseñanza bilingüe que se desarrolla en los colegios de Cognita Chile, donde se busca generar actividades significativas para el desarrollo del lenguaje y aumentar las oportunidades de interacción en inglés.
“Cuando un estudiante siente que cada vez que habla está siendo evaluado, puede preocuparse más por no equivocarse que por comunicarse. Por eso, es fundamental generar espacios donde pueda usar el idioma de manera auténtica, participar, experimentar y entender que equivocarse también es parte de aprender”, explica Alejandra Rodríguez, Coordinadora general de bilingüismo de la red de colegios Cognita.
Equivocarse también es aprender
El aprendizaje activo busca precisamente aumentar las oportunidades de interacción. Juegos de roles, proyectos colaborativos, conversaciones, presentaciones, resolución de problemas y experiencias vinculadas con situaciones reales permiten que el inglés tenga un propósito más allá de demostrar cuánto vocabulario se recuerda.
Esto también contribuye a disminuir progresivamente la ansiedad frente al idioma: cuanto más familiar resulta utilizarlo en diferentes situaciones, mayor puede ser la confianza para expresarse.










