En tiempos de crisis climática y pérdida de biodiversidad, la miel representa mucho más que un alimento. Su existencia es el resultado de una compleja relación entre abejas, flores, bosques y apicultores, una conexión que ha acompañado a la humanidad desde tiempos prehistóricos y que hoy más que nunca ha adquirido una relevancia renovada.
Estudiando su historia siempre podemos unirla a nuestra propia civilización, porque antes de la agricultura, los seres humanos ya recolectaban miel silvestre como parte de su alimentación. Los egipcios, griegos y romanos la valoraron como alimento, medicina y símbolo de prosperidad, era un producto de valor inigualable; incluso en la actualidad, sigue siendo uno de los insumos naturales más apreciados por sus diversas propiedades.
Cada frasco de miel de bosque nativo es una expresión del territorio y una síntesis de la biodiversidad que caracteriza a nuestros ecosistemas, desde el norte grande hasta el extremo sur, incluso en territorio insular.
Algo que debemos tener presente, es que estas mieles dependen de la conservación de los bosques nativos, ecosistemas que capturan carbono, regulan el agua y protegen los suelos, logrando sustentar, también, la actividad de miles de polinizadores endémicos. Las abejas melíferas son mucho más que productoras de miel, su labor como polinizadoras resulta esencial para la reproducción de numerosas especies vegetales y para la seguridad alimentaria mundial. Protegerlas es una responsabilidad que involucra a toda la sociedad, ya que hoy enfrentan amenazas crecientes asociadas al cambio climático, la pérdida de hábitat y el uso de agroquímicos.
El futuro de la miel chilena está estrechamente ligado a la diferenciación, calidad y los sellos de origen. Las mieles de bosque nativo poseen un enorme potencial en mercados internacionales que valoran el patrimonio natural, la conservación de los ambientes, la trazabilidad y sostenibilidad. Con respaldo científico, certificaciones de origen y una adecuada valorización territorial, podemos consolidar a Chile como un referente mundial en mieles premium vinculadas a la conservación de la biodiversidad, como se ha logrado con la miel de la Patagonia, un ejemplo de producción sustentable.
Cada gota de producto contiene una historia de cooperación entre naturaleza y personas, siendo nuestra labor el proteger la flora nativa, fortalecer la apicultura y cuidar de las abejas. Es una inversión en cultura, salud, identidad y futuro, porque al conservar nuestros ambientes también estamos preservando uno de los alimentos más antiguos, nobles y valiosos con un sello propio que otorga la naturaleza de un país tan extremo.
Por: Cristian Ugaz Académico investigador de la Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía Universidad de Las Américas.










