¿Los hábitos cotidianos pueden influir en la forma en que aprenden los niños y niñas? Esa es la pregunta que busca responder un nuevo proyecto de investigación impulsado por la Facultad de Medicina de la Universidad Católica del Norte (UCN), que durante los próximos dos años trabajará junto a 450 escolares de primero a cuarto básico de establecimientos públicos de La Serena.
La iniciativa “Crononutrición: Aprende mejor con hábitos saludables”, liderada por el Departamento de Clínicas de la FAMED y financiada por el Gobierno Regional, pondrá el foco en aspectos de la vida diaria de los escolares que muchas veces se abordan por separado: qué y a qué hora comen, cuánto duermen, cuánto se mueven, cuánto tiempo pasan frente a pantallas y cómo se sienten, para analizar cómo estos factores se relacionan con su aprendizaje y rendimiento académico.
“Buscamos generar evidencia de la asociación de los hábitos saludables con el rendimiento académico, evaluando a cada escolar de manera integral”, explicó la directora del proyecto, Dra. Claudia Bugueño Araya.
Una investigación que también llegará a las familias
El proyecto contempla una primera etapa de diagnóstico para conocer los hábitos y necesidades de los estudiantes. Posteriormente, se desarrollarán intervenciones educativas mediante cápsulas audiovisuales breves, similares a pequeños comerciales, orientadas a promover hábitos saludables y entregar conocimientos sobre crononutrición.
Uno de los aspectos que se evaluará será si resulta más efectivo trabajar directamente con los escolares o involucrar a sus padres y familias. “Esperamos que la intervención en los niños y niñas logre mejorar su rendimiento académico y sus hábitos de vida saludable, que comprendan lo importante que son los hábitos cotidianos y cómo están asociados con su aprendizaje, y que esto también sea comprendido por sus familias y la comunidad educativa”, señaló Bugueño.
Para Patricia Juica Cabrera, directora del Colegio José Manuel Balmaceda, uno de los establecimientos participantes, la iniciativa permite abordar la salud desde edades tempranas. “Si tenemos un niño sano, tenemos también un buen estudiante. Estamos pensando en el futuro, en que ese niño sea un adulto responsable de su cuerpo y que tenga claro que su cuerpo lo va a acompañar para toda la vida”, destacó.
Ciencia que busca aportar a la educación y la salud
Desde la Secretaría Regional Ministerial de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación también valoraron la iniciativa. Su titular, Maite Arenas Rojas, destacó que este tipo de investigaciones permiten vincular el trabajo científico desarrollado en las universidades con necesidades concretas de la comunidad. “Es muy importante acompañar las iniciativas que se desarrollan dentro de las universidades. Este proyecto tiene que ver con el desempeño que pueden tener nuestros niños y niñas en el futuro, dependiendo de sus hábitos diarios, y con todo el ámbito educativo”, sostuvo.
La investigación considera cuatro grupos para evaluar los efectos de las intervenciones: escolares que recibirán la estrategia educativa, padres que participarán de ella y sus respectivos grupos de control. Al finalizar, se realizará una nueva evaluación para comparar los resultados.
Además de conocer la relación entre hábitos saludables y aprendizaje, el proyecto busca generar evidencia científica local, aportar nuevas estrategias de educación en salud y relevar el rol de las y los nutricionistas al interior de las comunidades educativas.
La apuesta es que la evidencia obtenida pueda servir como insumo para futuras estrategias de promoción de la salud y prevención, poniendo el foco en una idea sencilla: cuidar los hábitos desde la infancia también es una forma de promover el aprendizaje y el bienestar futuro.










