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Martes, Abril 7, 2026
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Artemis II: lo que 10 días en el espacio pueden hacerle al cuerpo humano sin entrenamiento

Cuando pensamos en astronautas, solemos imaginar simuladores, cápsulas y trajes espaciales. Pero hay una imagen mucho menos cinematográfica y mucho más importante: la del entrenamiento de fuerza. Y no es casual. En el espacio, el cuerpo empieza a cambiar casi de inmediato.

Con Artemis II, la primera misión tripulada del programa Artemis, cuatro astronautas pasarán aproximadamente 10 días en una misión alrededor de la Luna. Aunque no será una estadía larga como las de la Estación Espacial Internacional, el desafío fisiológico sigue siendo real. En microgravedad, los huesos y músculos dejan de recibir la carga habitual de la gravedad terrestre, y el cuerpo responde rápido: se debilita.

Ahora bien, en misiones de cuatro a seis meses, los astronautas pueden perder entre 1% y 1,5% de densidad ósea por mes en huesos de carga, incluso con contramedidas, una velocidad muy superior a la pérdida ósea asociada al envejecimiento normal. En otras palabras, 10 días no equivalen a un año completo de envejecimiento óseo, pero sí bastan para recordar algo clave: el cuerpo humano no está diseñado para vivir sin gravedad. Y ahí entra la fuerza.

Desde las ciencias del deporte, la fuerza no es solo una capacidad para mover más kilos. Es una herramienta de protección estructural. En la Tierra, el tejido óseo se mantiene fuerte porque recibe impacto, tensión y carga. Caminar, subir escaleras, correr o levantar peso son señales mecánicas que le dicen al hueso: “tienes que seguir siendo fuerte”. En microgravedad, esa señal desaparece. Entonces, si no se reemplaza de alguna forma, el hueso empieza a perder densidad y el músculo comienza a atrofiarse.

NASA lo sabe hace décadas. Por eso, en la Estación Espacial Internacional los astronautas entrenan en promedio dos horas al día usando bicicleta, cinta y dispositivos de resistencia. Lo interesante es que la propia agencia aprendió algo que en el deporte también se repite: entrenar mucho no siempre es mejor que entrenar bien. Los primeros programas incluían hasta 10 horas semanales de ejercicio, pero aun así los astronautas seguían perdiendo músculo y densidad ósea. La evidencia terminó mostrando que el trabajo de alta intensidad y bajo volumen podía ser igual o más efectivo para proteger la condición física en microgravedad.

Eso conecta directamente con lo que hoy sabemos en entrenamiento deportivo en la Tierra. La fuerza no es un lujo de atletas ni de fisicoculturistas. Es una función biológica central. Protege masa muscular, mejora la capacidad funcional y ayuda a sostener el hueso a cualquier edad. Si en el espacio es esencial para evitar una degradación acelerada, en la vida cotidiana también debiera ser vista como una prioridad, sobre todo en adultos que envejecen, personas sedentarias o pacientes con riesgo de osteoporosis.

Artemis II, entonces, deja una lección que va mucho más allá de la exploración espacial. La fuerza no sirve solo para rendir; sirve para conservarse. Los astronautas entrenan fuerza porque su cuerpo, sin gravedad, pierde rápido lo que en la Tierra damos por sentado. Y eso debiera hacernos pensar.

Porque si para viajar 10 días alrededor de la Luna hay que proteger huesos y músculos con entrenamiento, en la Tierra la pregunta ya no es si la fuerza importa. La pregunta es por qué todavía tanta gente sigue creyendo que no la necesita.

Por: Frano Giakoni Ramírez, director de la carrera de Entrenador Deportivo UNAB.

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