Bruxismo

Bruxismo: vivir con los dientes apretados

La agitada rutina que viven miles de chilenos se expresa en altos niveles de tensión y estrés que pueden originar serios problemas dentales. Adultos e incluso niños aprietan involuntariamente los dientes, generando un desgaste acelerado y prematuro de la dentadura. Esto puede producir malestares en la musculatura de la cara y dolores de cabeza, cuello y oído.

Numerosas personas aprietan los dientes durante el día cuando se sienten ansiosos o tensos y otras despiertan con dolor articular porque rechinan los dientes mientras duermen. Al ejercer fuerzas exageradas involuntarias aparecen dolores faciales, musculares y/o articulares.

En la literatura se define el bruxismo como “el hábito involuntario de hacer rechinar o apretar los dientes”, ya sea durante el día o durante el sueño. “Muchas veces la persona que sufre alteraciones del sueño y que está bruxando durante la noche despierta cansada al día siguiente, ya que el sueño no fue reparador. Habitualmente sentirá algún grado de cansancio muscular o una molestia que se irradia hacia la mejilla. También le puede ocurrir que al tomar desayuno mientras mastica un trozo de pan sentirá un extraño malestar que se irradia hacia al oído”, explica la Dra. Viviana Tobar, odontóloga de Vidaintegra.

En ocasiones se producen reiterados dolores de cabeza y malestares en los músculos del cuello. Asimismo, se presentan manifestaciones dentarias como desgastes, fracturas, movilidad e hipersensibilidad dental.

“Bruxar no es normal”
Actualmente el bruxismo afecta a miles de personas y las consultas por este problema han ido en aumento. Está presente no sólo en adultos sino también en niños y adolescentes.

Hay que diferenciar el bruxismo fisiológico infantil del patológico. El primero se da en los niños cuando están en la etapa de recambio dentario entre los 5 y 7 años. “Durante este período es necesario que se desgasten los bordes irregulares de algunos dientes para que haya un correcto crecimiento, avance y desarrollo mandibular. El otro bruxismo es el patológico, presente en aquellos menores que descargan niveles de ansiedad superiores a los habituales cuando duermen, producto de problemas en el colegio o por conflictos familiares”, agrega la especialista.

Si es fisiológico, desaparecerá con el tiempo cuando aparezcan los dientes definitivos y termine su recambio dentario. Pero si es patológico, lo óptimo es que los papás indaguen en los orígenes del problema, para averiguar si tiene algún conflicto en el colegio, se peleó con algún compañero o se siente solo. Habría que considerar la visita a un especialista. “Es un síntoma tan silencioso que los padres no se dan cuenta o no le dan importancia, pero puede enmascarar algún problema mayor. Bruxar no es normal”, dice Karen Cristi, psicóloga de Vidaintegra

Hoy en día ha aumentado el número de adolescentes con esta afección. Sin duda, las largas jornadas escolares, las altas exigencias académicas, los elevados niveles de competitividad, unido a una vida más sedentaria, la disminución de la actividad física y del tiempo dedicado al esparcimiento han provocado un aumento de este mal hábito en los jóvenes.

En adultos, la mala oclusión causada por un incorrecto engranaje entre las piezas dentarias superiores e inferiores cuando se juntan para morder puede contribuir al problema. Sin embargo, la mala oclusión no es el factor desencadenante, ya que en el bruxismo no hay una causa única.

Liberar el estrés
Según explica la psicóloga, en muchas personas el agente desencadenante es el estrés. “A menudo este fenómeno se asocia a trastornos psicológicos de personas que les cuesta manifestar sus emociones. La ansiedad, el nerviosismo y la tensión acumuladas se liberan apretando los dientes”.

Se debe considerar al estrés como una forma de energía que se libera de dos maneras: una externa, por ejemplo, gritando, haciendo actividad física como correr, trotar o caminar; y la otra de manera interna, que puede causar colon irritable y también aumento de la actividad muscular no funcional o bruxismo.

La persona debiera buscar la manera de liberar este estrés durante el día, para no guardarlo hasta que se vaya a dormir. A veces, el yoga, algunas técnicas de relajación o control de ansiedad pueden ser muy útiles, al igual que la realización de deportes.

Desde el punto de vista integral del paciente, enfatiza la Dra. Tobar, “lo primero es diagnosticar oportunamente el bruxismo y posteriormente tratar con un equipo multidisciplinario”. El odontólogo hará un exhaustivo examen, buscará si hay factores predisponentes, como alteraciones oclusales necesarias de corregir. De ser así, lo derivará con el ortodoncista.

En algunos casos clínicos será necesario indicar el uso de un aparato rígido que conocemos con el nombre de plano de protección, relajación o de pacificación neuromuscular, específico para el tipo de bruxismo que presente el paciente. “Su finalidad es dar estabilidad mandibular y protección a las piezas dentarias frente a fuerzas exageradas, guiando la mandíbula a una posición fisiológica adecuada”, agrega la Dra. Tobar.

Cabe señalar que el tratamiento del bruxismo muchas veces ha de complementarse con farmacoterapia y con una consulta a un profesional (psicólogo o siquiatra) que ayude a buscar las causas y proporcione herramientas para manejar el estrés y la ansiedad.

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