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Miércoles, Agosto 12, 2026
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Más de la mitad de los chilenos es físicamente inactivo y expertos advierten el impacto silencioso del sedentarismo en el corazón

Las cifras vuelven a poner al sedentarismo en el centro de las preocupaciones de salud pública. Según los resultados de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud (ENCAVI 2023-2024), dados a conocer en 2025 por el Ministerio de Salud, el 51,2% de la población en Chile es físicamente inactiva, porcentaje que supera lo registrado en la medición anterior. A esto se suma que un 33% de las personas declara no realizar ningún tipo de actividad física, configurando un escenario que las autoridades han calificado como complejo.

El problema no se limita a la falta de ejercicio. Según explica Helmuth Reinhardt, médico especialista en Medicina del Deporte y la Actividad Física del Clínica de Recuperación de Lesiones (CRL), “una persona puede realizar 30 o 60 minutos de entrenamiento al día y, aun así, acumular demasiadas horas sentada”. Por eso, plantea que la prevención debe considerar hacer ejercicio y reducir el tiempo sedentario durante la jornada.

La razón es que la actividad física regular tiene un impacto directo sobre distintos factores asociados a la salud cardiovascular. Mejora la capacidad cardiorrespiratoria, favorece el funcionamiento de los vasos sanguíneos, contribuye al control de la presión arterial y la sensibilidad a la insulina, además de ayudar a controlar el peso y la grasa visceral. También se relaciona con una menor probabilidad de desarrollar hipertensión, diabetes tipo 2, infarto y accidente cerebrovascular.

El corazón puede verse afectado sin dar señales

Uno de los principales riesgos del sedentarismo es que sus efectos pueden avanzar durante años sin generar síntomas evidentes. La hipertensión, las alteraciones de glucosa o colesterol y la acumulación de grasa visceral pueden desarrollarse silenciosamente, por lo que no es recomendable esperar a sentirse mal para comenzar a moverse o controlar los factores de riesgo.

Sin embargo, existen señales que requieren atención, como una pérdida progresiva de la capacidad para realizar actividades cotidianas, cansancio excesivo al subir escaleras, falta de aire desproporcionada o necesidad de detenerse en distancias que antes se toleraban con normalidad. Si aparece dolor o presión en el pecho, falta de aire intensa, mareos, desmayo o palpitaciones asociadas a síntomas, el especialista recomienda suspender el ejercicio y consultar.

En ese sentido,  no se trata únicamente de entrenar más, sino de moverse más durante todo el día. Como señala Reinhardt, “el sedentarismo no se resuelve únicamente con voluntad individual; también depende de cómo diseñamos nuestras jornadas, ciudades, colegios y lugares de trabajo”.

Para quienes buscan incorporar actividad física, no es necesario comenzar con rutinas intensas. El especialista destaca que “el ejercicio aeróbico como caminar a paso rápido, andar en bicicleta, nadar, trotar o bailar es fundamental para mejorar la capacidad cardiorrespiratoria. A esto se debería sumar entrenamiento de fuerza al menos dos veces por semana, debido a sus beneficios sobre la masa muscular, la funcionalidad y el control metabólico”.

En adultos, las recomendaciones actuales apuntan a acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Para quienes llevan años sin realizar ejercicio, la recomendación es comenzar de manera gradual y aumentar progresivamente la duración, frecuencia e intensidad.

En las personas mayores, el movimiento adquiere además un papel fundamental para preservar la independencia. Junto con la actividad aeróbica y el trabajo de fuerza, se recomienda incorporar ejercicios de equilibrio y actividades multicomponentes que permitan mantener la capacidad funcional y disminuir el riesgo de caídas.

El escenario nacional también presenta diferencias importantes según sexo. De acuerdo con la ENCAVI, la inactividad física alcanza al 57,6% de las mujeres, frente al 44,5% de los hombres. El documento advierte que factores como las responsabilidades de cuidado, la disponibilidad de tiempo y la percepción de seguridad pueden convertirse en barreras adicionales para realizar actividad física.

Para el especialista, enfrentar el sedentarismo requiere ir más allá de recomendar individualmente hacer ejercicio. “Las condiciones en que las personas viven, trabajan y se desplazan también influyen, como las jornadas laborales o de estudio sedentarias, mayor exposición a pantallas, desplazamientos poco activos y diferencias en el acceso a espacios seguros para realizar actividad física forman parte del problema”, plantea.

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