ChristiánFelber

Christián Felber, autor de la Economía del Bien Común: “La Constitución no lo puede arreglar todo, tampoco lo va a cambiar todo”.

El austríaco Christián Felber es docente universitario, escritor y bailarín. En 2010 publicó un libro en el que propone la implementación de un modelo económico llamado “Economía del Bien Común”, que pretende suplir los sistemas de libre mercado y de economía planificada.

En dicha propuesta plantea que una serie principios -dignidad humana, solidaridad, justicia social, sostenibilidad económica, transparencia y participación democrática- operen como base para un sistema que busca pasar del fin de lucro y competencia al bien común y cooperación. Este modelo, ideado de manera abierta para poder ser adaptado o combinado con otras alternativas, sugiere que el éxito económico se debe medir con un Producto del Bien Común, en el caso de los países, o un Balance del Bien Común, para otro tipo de organizaciones.

Felber fue uno de los expositores centrales del Foro de Emprendimiento, Innovación, Negocios, e Inversión del Mediterráneo Sur, que organizó la Corporación Regional de Desarrollo Productivo (CRDP), Gobierno Regional de Coquimbo, CORFO y Andes Value Research.

La exposición completa de Felber se puede revisar en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=BGeeAmb5eVQ&t=7621s

¿Cómo la pandemia ha impactado en la idea de le Economía del Bien Común? ¿Ha habido un vuelco en las distintas economías y países hacia los valores que promueve esta propuesta?

Creo que todavía no hay una respuesta clara y compartida de todos, porque los análisis son todavía diferentes. Por eso me limito a lo que me parece estar fuera de controversia. Lo primero es que las enfermedades zoonóticas son externalidades económicas, es decir, la presión sobre los ecosistemas se ha hecho demasiado grande como para que la naturaleza pueda estar en libertad y en equilibrio. Los saltos de virus hacia el ser humano son síntomas de estar fuera del equilibrio de la naturaleza.

¿Cómo volvemos al equilibrio ecológico?

Disminuyendo el impacto de la economía humana en la naturaleza, regionalizando los círculos económicos, acortando las cadenas de suministro globales y disminuyendo el costo de recursos renovables. Esas son las primeras pautas que tenemos que aprender, independiente de cómo evaluamos las medidas de los gobiernos.  El coste de los confinamientos es enorme y parece muy posible que iguale o supera el coste del virus. Pero todavía es temprano como para sacar una conclusión clara.

¿Existe en este momento con la pandemia un punto de inflexión para buscar nuevas maneras de administrar los recursos y buscar el bien común?

Mucho indica que está teniendo un efecto. Está produciendo un punto de inflexión en el curso de la economía y nos despedimos del egoísmo y del “más, siempre es mejor” y el crecimiento ilimitado, de la obsesión por los bienes materiales; y estamos pasando tendencialmente a una visión interior, a un equilibrio entre valores materiales e inmateriales, al cuidado de las relaciones y de la comunidad, al equilibrio ecológico, a una mayor lentitud quizás. Creo que hay una tendencia hacia un mayor equilibrio.

Hoy Chile atraviesa un proceso de cambio, que considera la confección de una nueva Constitución. ¿Qué cosas deberían hacerse o cómo debiese manejarse el proceso para introducir y plasmar ideas de la Economía del Bien Común en el nuevo Chile que está naciendo?

Es una decisión totalmente autónoma de la Asociación Chilena del Bien Común. Ni siquiera estoy al tanto en qué grado se están involucrando. Quizás lo más obvio sería tratar de incluir un Producto del Bien Común (PBC), en vez de un Producto Interno Bruto (PIB). Si se incluye algo del estilo en la Constitución, y quizás derivado del PBC un Balance del Bien Común (BBC) para las empresas privadas, para que también tengan una obligación social y ecológica y no sea libre en el sentido de no tener obligaciones legales y responsabilidades sociales. A lo mejor eso sería la contribución más obvia.

También la limitación de la desigualdad. Pero para eso también hay otras fuerzas sociales que lo tienen en la agenda y no tiene necesariamente que ser una contribución de la EBC. Por supuesto, la apoyaríamos.

Quizás una tercera opción sería tener derechos de protección para la naturaleza. Existe de cierta forma en las constituciones de Bolivia y del Ecuador, pero podrían también considerarse en la Constitución de Chile. Quizás escuchando las propuestas de los representantes indígenas o, incluso, mi propia propuesta que denomino “derechos humanos ecológicos”, que sería la otra cara de la misma medalla que es tener derechos de protección para la naturaleza.

Desconectar las pensiones de los mercados financieros y conectarlas o convertirlas en un tratado intergeneracional. O sea, hacer que una generación dependa de la otra.

¿Es posible que un país como este se vuelque hacia la EBC o se requiere cambios paulatinos sumados a otras transformaciones que permitan cambiar de mirada?

Por supuesto, la Constitución no lo puede arreglar todo, tampoco lo va a cambiar todo. Pero tiene su contribución. Si la Constitución dijera otra cosa que la existente y que el Bien Común es el objetivo de las actividades económicas, que debe haber un Producto del Bien Común, definido democráticamente, que los bienes ecológicos gozan de la protección legal -no se pueden ni explotar ni destruir- eso aumentaría enormemente y luego cambiaría las prácticas y los patrones.

¿Cómo compatibilizar a Chile y sus actividades productivas con un vuelco hacia la Economía del Bien Común?

La pesca de por sí, la agricultura de por sí, el turismo de por sí y hasta un cierto tipo de minería no es malo ni mucho menos. Todo depende si eres sostenible en esas prácticas en términos ecológicos, pero también sociales.  Creo que el gran peligro es la confusión del objetivo con el medio. Si ganar dinero y el beneficio financiero o el rédito financiero de los inversionistas sigue siendo el máximo objetivo, todo está en peligro. Los peces están en peligro, las montañas están en peligro, las especies están en peligro y la dignidad de todo está en peligro, porque esa es la gran confusión. Por eso, mi aporte es que el dinero y el capital tienen que servir como medios, y ajustarse y subordinarse muy claramente a otro objetivo, que es el Bien Común democráticamente definido. Entonces, puede jugar un papel constructivo. Esa condición es esencial y es posible. Lo han probado durante centenares de años en todas las culturas.

Tenemos la libre elección entre prácticas económicas capitalistas con el peligro de destruir todos nuestros valores y bienes. O una práctica económica sostenible y ética utilizando el capital y el dinero solo como medio, lo cual incluye ponerle límites muy claros al capital y su incremento. Esa es la propuesta, que históricamente ha sido posible y en el futuro incluso es una necesidad para no poner en peligro nuestra supervivencia como Humanidad.

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