Juan Alberto Rojas

Competencias blandas, claves para la formación profesional del futuro

Desde el siglo XVIII y hasta nuestros días hemos vivido diferentes etapas de la incorporación de la tecnología al trabajo humano. Desde la especialización de las labores, el mejoramiento de procesos productivos y el surgimiento de la informática, cada uno de estos hitos representó avances, pero también incertidumbre sobre la supremacía de la automatización y las máquinas.

¿Cómo se valora entonces la presencia de las personas y de la tecnología en las organizaciones? Simplemente, con la adaptación al cambio y valorando la liberación del tiempo de las personas para una mejor calidad de vida y mayores instancias para acceder a especialización y perfeccionamiento en universidades y centros técnicos.

En pleno siglo XXI, conversamos sobre la Cuarta Revolución Industrial, que asumiendo la herencia de nuestros antepasados nos permite mirar el futuro con respeto, ansiedad por lo desconocido y también con la incertidumbre de las vías de real participación de las personas en los procesos organizacionales. Este cambio que está siendo cada vez más radical ya no tendrá sustento en las habilidades propias de cada disciplina, sino más bien en su integración racional. Los desafíos disciplinares ya no serán repúblicas independientes sino más bien base de la globalidad e integración.

Las empresas son únicas y tienen un ADN propio que se alojan en la declaración de sus propios valores corporativos y son consecuentes con las habilidades que deben tener las personas que las componen. Adaptabilidad, negociación, creatividad, lealtad, responsabilidad y trabajo en equipo, son algunos ejemplos.

Considerando la síntesis de las revoluciones industriales que impactan en el  desarrollo, crecimiento y evolución de la humanidad  con apoyo en la tecnología y estructuras cada vez más inteligentes, la Cuarta Revolución Industrial debería tener un sello que no pasará por los conocimientos adquiridos sino más bien por la aplicación de las llamadas competencias blandas, inspiradas en el diseño moderno de la planificación estratégica, el uso eficiente del Big data y la automatización en la figura de la digitalización. Estos elementos deben ser la base de la diferenciación de aquí en más. El porvenir se debe concebir no como un reemplazo del ser humano y déficit del empleo, sino que a través de la coexistencia de la inteligencia artificial con la humana.

En los últimos encuentros entre las universidades y las empresas y organizaciones que dan prácticas y empleos, ha quedado claro que, en sus procesos de selección de personas, las habilidades de comunicación, de inteligencia emocional, trabajo colaborativo y resolución de conflictos son claves y se transformarán en la ventaja tanto competitiva y comparativa que tendrán las instituciones de enseñanza superior. Los futuros postulantes a la educación superior se fijarán en estos factores como pilar fundamental de su éxito futuro. Entonces, ¿estamos preparados para esta Cuarta Revolución Industrial

Por: Juan Alberto Rojas R., Ingeniero Comercial, académico UCEN Región Coquimbo.

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