Pocas relaciones entre especies han sido tan transformadoras como la que hemos construido con los perros. Lo que comenzó hace miles de años, cuando algunos lobos se acercaron a los asentamientos humanos atraídos por restos de alimento, dio origen a un proceso de domesticación que transformó la historia de ambas especies. Desde entonces, estos animales han acompañado a las personas como cazadores, guardianes, pastores y hoy, como compañeros de vida.
En las últimas décadas esta relación ha cambiado profundamente. Para muchas personas, los perros son integrantes de la familia y, en algunos casos, ocupan un lugar similar al de un hijo. Este fenómeno se refleja en el crecimiento del mercado de mascotas, la expansión de servicios especializados y espacios pet friendly, junto con una mayor preocupación por su bienestar físico y emocional.
La ciencia también ha demostrado que convivir con animales reduce la sensación de soledad y fortalece los vínculos sociales. En este contexto, el perro dejó hace tiempo el patio de la casa para instalarse en nuestros hogares, viajes y rutinas.
Sin embargo, esta historia de éxito convive con una realidad compleja. Mientras algunos disfrutan de una vida privilegiada, otros enfrentan el abandono, la reproducción no planificada y condiciones incompatibles con su bienestar. En Chile existen más de 8 millones de perros que cuentan con tutor, pero cerca de 3,5 millones sin supervisión o sin un responsable identificable.
Los perros de libre deambular pueden sufrir enfermedades, hambre y maltrato, pero también generar impactos sobre la fauna silvestre mediante depredación o persecución. En sectores rurales participan en ataques a ganado, ocasionando pérdidas económicas y conflictos con las comunidades. A ello se suman riesgos para la salud pública asociados a mordeduras, accidentes de tránsito y transmisión de agentes infecciosos.
El desafío ya no consiste solo en quererlos, sino en aprender a convivir responsablemente con ellos. La identificación y registro, la esterilización cuando corresponda, la educación de tutores, la comprensión de las necesidades conductuales y la prevención del abandono, son herramientas fundamentales para avanzar hacia una convivencia más armónica.
El recorrido que llevó al perro, desde la madriguera hasta el sofá, representa una de las historias de cooperación más extraordinarias de la evolución. Pero el verdadero progreso no se mide por la cantidad de productos que compramos para nuestras mascotas, sino por la capacidad de garantizar bienestar y seguridad en todos los animales.
Porque el resguardo de perros, personas y el entorno, forman parte de un mismo sistema, y avanzar hacia una convivencia responsable requiere compromiso ciudadano y políticas públicas efectivas.
Por: María José Ubilla Académica investigadora Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía Universidad de Las Américas.










