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Estudio demuestra que pequeño islote de Rapa Nui es un importante refugio de aves marinas nativas

Debido a su aislamiento y escasa influencia humana, el islote ha favorecido la nidificación de aves marinas que llegan hasta este remoto punto del océano Pacífico.

La investigación analizó la presencia pasada y actual de aves en la isla Rapa Nui y uno de sus islotes, Motu Nui, el que ha favorecido la nidificación de aves nativas debido a la escasa influencia humana y de animales introducidos.

De acuerdo, a la Dra. Paula Plaza, líder del estudio, “en Rapa Nui los registros arqueológicos indican la presencia del ser humano y su interacción con las aves desde tiempos prehistóricos (900-650 años antes del presente), los que describen una avifauna diversa y compuesta por cerca de 22 especies de aves terrestres y marinas. Sin embargo, la mayoría de estas aves desaparecen de los registros históricos y actuales, a tal punto que en la actualidad no existen aves terrestres nativas”.

La especialista detalla que en Rapa Nui las pocas aves que quedan están en “constante amenaza por parte de perros, gatos, ratas y hormigas, así como también, por la actividad turística”.

Por el contrario, en Motu Nui, un pequeño islote ubicado al suroeste de Rapa Nui, se presentan condiciones favorables para la nidificación de una gran diversidad de aves marinas. “Esto debido a que en el pasado, en el islote Motu Nui se celebraba el ritual del Tangata Manu y ahora es un sitio histórico sagrado, con acceso restringido a las personas y libre de mamíferos introducidos, como perros, gatos y ratas”, relata la Dra. Paula Plaza, investigadora afiliada a ESMOI, UCN y CEAZA.

Kena o Piquero Blanco (Sula dactylatra)  
Crédito: Paula Plaza

Según detalla Pedro Lazo, guardaparques de CONAF en el Parque Nacional Rapa Nui, “a mediados del siglo XIX y principios del XX los islotes fueron una importante fuente de recursos para obtener proteína animal. El carácter de tapu o lugar sagrado se fue perdiendo con el tiempo. En la actualidad, el islote es Santuario de Naturaleza desde 1976, pero recién esta tomando relevancia como área protegida. El Islote sigue siendo de difícil acceso y conserva el halo sagrado que tuvo en la antigüedad, que lo ha mantenido libre de visitas”.

De acuerdo a la Dra. Paula Plaza, esta condición sagrada que tiene para el pueblo Rapa Nui “ha permitido que el islote permanezca prístino, con una hábitat heterogéneo caracterizado por una abundante vegetación de tipo pastizal nativo y rocas que dan origen a cuevas de diferentes tamaños y formas. Estas características convierten al islote en un hábitat ideal para que las aves marinas puedan anidar”.

Resultados

En el Islote Motu Nui, los científicos, previo permiso de la CONAF, registraron a las aves que estaban nidificando. “En total encontramos a 10 especies diferentes de aves marinas utilizando las rocas y vegetación para construir sus nidos. Algunas de ellas se encuentran sólo en verano, otras sólo en invierno y muy pocas durante las dos estaciones y así, de esta forma, muchas especies diferentes pueden compartir un hábitat pequeño”, precisa la Dra. Plaza.

Posteriormente, en base a los datos obtenidos y en comparación con los datos históricos reportados por naturalistas que visitaron el islote hasta hace 100 años atrás, fue posible comprobar que “el islote experimenta un proceso de colonización constante por aves que encuentran refugio en esta zona, como por ejemplo, la Fardela del Pacífico (Ardenna pacifica) y el petrel de alas negras (Pterodroma nigripennis), los que han extendido recientemente sus rangos de reproducción hasta esta zona”.

En cambio, en la isla de Rapa Nui, gracias a los registros arqueológicos fue posible identificar un evento de extinción muy fuerte en la época prehistórica (900-650 años antes del presente), y muy baja colonización hasta la actualidad.

Además de extinguirse un grupo considerable de aves en Rapa Nui, también se han experimentado cambios en la diversidad y tamaño de las aves. “Se han perdido aves de pequeño tamaño que se alimentan de pequeños calamares y peces. En cambio, en Motu Nui, los resultados indican que no existe una disminución significativa en la diversidad de formas y tamaños, debido principalmente a los procesos de colonización continuos”, señala la Dra. Paula Plaza.

Conservación

La investigación realizada tiene la intención de contribuir a la conservación de las aves de Rapa Nui y sus islotes, zona que cuenta con la denominación de Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos.

“El principal aporte que queremos hacer, es ayudar a avanzar en la comprensión de cómo los procesos ocurridos en el pasado reflejan el actual estado de las aves y cómo esta información puede contribuir a futuros planes de conservación en la Isla”, destaca la Dra. Plaza.

“Éstos estudios e investigaciones ayudan a retomar el estrecho vínculo que existe con las aves, ya que como todo pueblo polinésico, los rapanui tienen una estrecha relación con las aves. Leyendas, cuentos e historia demuestran la importancia que tenían las aves para los rapanui, tanto como fuente de alimentación y como objetos rituales en forma de plumas y ciertos huesos. También están presentes en la iconografía, en los nombres y apellidos”, destaca Pedro Lazo, guardaparques de CONAF.

Medidas concretas

En relación a medidas concretas, la investigadora plantea que las acciones de conservación deben ser planificadas de acuerdo a las particularidades que poseen la Isla Rapa Nui y el islote Motu Nui.

“En el caso de la Isla, las acciones deben apuntar a “controlar a perros, gatos y ratas principalmente, realizando, por ejemplo, planes de esterilización junto con promover la tenencia responsable de mascotas. Además, se pueden instalar cercos que restringen el acceso de otros animales a zonas de nidificación de aves”, indica la Dra. Paula Plaza.

“Mientras que en el islote Motu Nui, se debe asegurar la restricción de acceso a personas y fortalecer las medidas de bioseguridad para evitar la introducción de animales y/o plantas invasoras y de esta manera, preservar este pequeño reservorio natural”, agrega.

La investigación, liderada por la Dra. Paula Plaza, contó con la participación de Juan Serratosa (ESMOI-UCN), Joao B. Gusmao (ESMOI), David Duffy (University of Hawaii), Paulina Arce, Guillermo Luna-Jorquera (ESMOI-UCN-CEAZA). Mientras que el trabajo en terreno fue realizado gracias al apoyo de guardaparques y profesionales de CONAF.

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