CruzGrande-Dársena

Ex “Tofino” recuerda su labor en el boom de la dársena de Cruz Grande

En la antesala del Día del Trabajador, la Delegación Municipal de Las Compañías rescata historias de esfuerzo que en tiempos de pandemia es digno de resaltar y recordar. Algunos están retirados, como Julio Jorquera que laboró en la época  dorada de Cruz Grande

Don Julio Jorquera tiene 85 años y durante 16 trabajó en la dársena de Cruz Grande donde se cargaban los navíos que transportaba el hierro fuera de Chile que la Bethlehem Steel Company producía en el Mineral El Tofo a principios de 1900.

Nació en la localidad costera en 1936 y sin pensarlo terminó trabajando en 1957 en la estructura que por años  vio cuando niño. “Un tío era maquinista del tren que llevaba el mineral de El Tofo a Cruz Grande. En mi caso trabajé en mecánica en la dársena donde estaba a cargo de 10 personas con quienes arreglábamos los  canales y cilindros a los cuales había que cambiarle empaquetaduras y cañería, porque el sistema para abrir y cerrar los buzones era hidráulico… En ocasiones el buque llegaba a las 08:00  y salía a las 13:00 horas con 24 mil toneladas. Teníamos que efectuar la mantención de la dársena para cuando llegaran los navíos”, nos relata en su casa de calle México al llegar a  Avenida Argentina en Las Compañías.

Su madre  vivía en Cruz-Grande y su padre en El Tofo. “Mis hijas  me iban a dejar almuerzo cuando estaba cargando el buque”, enfatiza.

CruzGrande-Dársena

Confiesa que aún su labor le provoca nostalgia, sobre todo el entorno donde el movimiento era incesante. “Estuve entre quienes cargaron el último buque que llegó a la dársena y después se cerró el embarque en marzo de 1973  y me trasladé a Las Compañías. A veces recuerdo y sueño que aún estoy trabajando en la dársena”.

Aún guarda recuerdos de su labor y del sector. De hecho, para la entrevista nos espera con una serie de fotografías del muelle de Cruz Grande y principalmente la dársena donde se desempeñó por años.

LIGADO  A LA COMPAÑÍA

Tras abandonar Cruz Grande en 1973 fue trasladado al mineral El Romeral donde se desempeñó en el departamento de materiales hasta 1996. Después de 42 años se acogió a retiro. Actualmente está dedicado  a descansar y a recordar. “Vi morir  Cruz Grande cuando comenzaron a desarmar las casas, la planta eléctrica y la misma dársena. Iba con unos amigos  y mirábamos  cómo se desmantelaba. Todavía siento un  cariño por ese lugar y no me olvido. Incluso, sigo concurriendo, aunque ahora que no hay nada, da pena verla destruida porque sólo están los muros de cemento”, evoca con nostalgia.

Cuando arribó a Las Compañías el desarrollo habitacional solo llegaba hasta Avenida Argentina y el resto era llano. Junto a un familiar y amigo logró levantar una pieza que con el tiempo fue consolidando. “En Cruz Grande los gringos nos tenían buenas comodidades y cuando llegamos a Las Compañías tuvimos que empezar a vivir de nuevo, además que había que pagar agua, luz y el arriendo  del terreno”, puntualiza.

Su hija Elizabeth Jorquera confiesa que aún tiene buenos recuerdos de su estadía en Cruz Grande. Se trasladó a Las Compañías cuando tenía 14 años. “Pasamos una niñez inolvidable y al recordar la labor de nuestro padre en la dársena es como revivir el pasado, sobre todo cuando le íbamos a dejar el almuerzo. Aún recuerdo unos estanques de petróleo grande y unos muros donde nos subíamos y jugábamos como niños”. 

Uno de los aspectos que destaca es que a pesar del paso del tiempo y el término de la era de El Tofo, en Las Compañías existe aún un fervor por el boom que se vivó en el mineral. Incluso, todavía en el mes de mayo concurre una delegación al lugar para revivir ese pasado de esplendor. “Es agradable y sorprendente que aún la gente recuerde la dársena y  Cruz Grande. Incluso, se da que hay personas que tienen casa en Chungungo y viajan los fines de semana. Dolió bastante cuando se demolió (la dársena) porque pensamos que podría haber quedado algún recuerdo. Por lo menos está la escuela y la ocupan los profesores y todo lo demás fue desarmado”, remarca.

APOYO MATRIARCAL

En  el desarrollo de su labor, don Julio tuvo el apoyo clave de su familia. No sólo sus hijas se involucraron en su trabajo, sino que también su esposa ocupó un papel importante. Incluso, en Cruz Grande, desarrolló una intensa labor pastoral y social a través de la creación de un  baile religioso. “El  segundo domingo de octubre íbamos a una fiesta religiosa luego que mi esposa formó un baile religioso (Nuestra  Señora del Carmen) y una imagen aún  está  en la población El Tofo. También luchó para que  la iglesia Santa Ana la colocaran en la población, pero no hubo caso”.  Finalmente, la infraestructura original quedó en calle Monjitas con Canadá.

Tras el desmantelamiento de las faenas todo el epicentro se concentró en la población El Tofo en Las Compañías donde se levantaron las viviendas de madera trasladadas de la minera. “Fue algo muy lindo, porque cuando terminó la faena se trasladó a Las Compañías que con el tiempo ha crecido bastante. Cuando llegamos no había nada de casas. Incluso, nuestro terreno era bastante grande y corríamos por todos los lugares y hoy está todo poblado”, resalta Elizabeth.

El delegado Municipal, Pedro Valencia, destaca que conoció la historia  de don Julio en sus recorridos por el sector y en el diálogo con los vecinos. Dice ser un convencido que las nuevas generaciones y, sobre todo los estudiantes, deben  conocer estos relatos. Incluso, asegura que el sector está lleno de personajes anónimos, pero que han cumplido un papel relevante. Cree que en medio del impacto de la pandemia ha crecido el interés por valorar aún más este tipo de historias y que en este caso se ligan con el reconocimiento en el día del trabajador.

Fuente: Municipio de La Serena.

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