Gabriel Canihuante2

Pedagogía, docencia y didáctica en educación superior

Es usual que el profesional no pedagogo que se incorpora como docente a una institución de educación superior, lo haga sin conocimientos específicos de didáctica.  No tiene más nociones que lo que pueda haber adquirido cuando fue estudiante y tenderá a replicar en forma intuitiva los modelos adquiridos durante su paso por los diferentes niveles de enseñanza.

Desde la experiencia, puedo decir que la única recomendación posible es acercarse a la didáctica y tratar de aprender por todas las vías a nuestro alcance. Si vamos a hacer clases, debemos saber cómo prepararnos; si vamos a planificar una asignatura, por lo menos hay que saber de qué se trata esto; si queremos entender por qué se evalúa y cómo hacerlo bien en un proceso formativo, entonces habrá que estudiar para entender lo que significa y sus implicancias. Es fundamental no actuar sobre supuestos que pueden ser erróneos y que llevarán sólo a replicar dichos errores.

No basta creer que podemos repetir el ejemplo de ese buen profesor que tuvimos en la enseñanza media o en la universidad, hace 10 o más años. Entre otras razones, porque nadie nos garantiza que nosotros tengamos la capacidad y las competencias que tenía ese maestro y, además, las condiciones actuales no son las mismas que tuvimos nosotros como estudiantes.

Hay variadas formas de actualizar conocimientos, desde asistir a cursos de capacitación específicos y acotados; seminarios, foros, congresos científicos, hasta -idealmente- realizar cursos de post grado.

Mantenerse vigentes y ser innovadores también implica amar nuestro quehacer y humanizarlo. Significa aceptar que podemos enseñar desde nuestra incertidumbre más que desde nuestras certezas, porque eso renueva nuestra mirada y nos permite ir aprendiendo junto a nuestros estudiantes en un mismo espacio de experiencia común. Para lograrlo, deberemos asumir los mismos desafíos que vive todo maestro. Esa lucha permanente por no claudicar ante la tentación de reducir su labor a una mera escolarización.

No es fácil. Tenemos frente a nosotros -al decir del Dr. Carlos Calvo (“Del Mapa escolar al territorio educativo, disoñando la escuela desde la educación”, Nueva Mirada, 2008)- la opción de abrirnos a “tiempos, espacios y lenguajes educativos que cobijan casualidades, ambigüedades, azares” que abarquen aspectos formales e informales y que celebren la duda y la creatividad como motores dentro de la sala de clases y… fuera de ella

Por: Gabriel Canihuante, periodista, docente Universidad Central Región Coquimbo.

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