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Jueves, Diciembre 1, 2022
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La población infantil no está exenta del COVID-19

Por tercer año consecutivo nos vemos enfrentados a esta pandemia y los niños, niñas y adolescentes, no han estado exentos de sus consecuencias, siendo quienes hasta ahora generan más interrogantes, sobre todo en sus padres, ya que desconocen los efectos que el virus puede provocar en la salud física y mental de sus hijos.

En general, el COVID-19 se ha presentado en la población infantil con una incidencia más baja y leve en comparación a los adultos, sin embargo, en Chile y el mundo también se han evidenciado hospitalizaciones y mortalidad infantil por la enfermedad.

Al igual que en los adultos, la gravedad en niños se ha asociado principalmente a personas inmunocomprometidas y con presencia de comorbilidades. Las manifestaciones más frecuentes de la enfermedad aguda han sido muy similares a un resfrío común como cefalea, fiebre y tos, asociadas a secreciones nasales o flemas. También se han presentado síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos, dolor de estómago, y diarrea. Por otra parte, los adolescentes han referido síntomas como pérdida del sentido del gusto u olfato, dolor de garganta, dolores musculares, dolor abdominal y fatiga extrema.

La gran variabilidad de los síntomas que presenta la población infantil nos sitúa en un escenario de expectación y cautela, ya que además de los ya mencionados, puede haber manifestaciones cutáneas como exantema, alteración de la mucosa oral y de carácter dermatológico, que podrían distraer el foco de atención y retrasar una  detección oportuna de la enfermedad.

Cuando nos vemos enfrentados a un niño con COVID-19, lo más importante es evitar las complicaciones, por lo tanto, debemos actuar de forma anticipada y estar atentos a los cambios en su estado de ánimo, que deje de alimentarse e hidratarse, que las secreciones nasales tapen las vías aéreas y presente fiebre continua.

Los signos de descompensación son fiebre persistente, dificultad respiratoria, respiración rápida y agitada, hundimiento entre las costillas, quejas al respirar y el color de los  labios se torna azulado, por lo que, en estas condiciones se debe acudir a un servicio de urgencia infantil de forma inmediata. Además, debemos estar atentos a otros síntomas tales como dolor o inflamación de las piernas y brazos, lesiones de la mucosa oral y exantemas cutáneos. Aquí también se debe consultar de forma rápida, ya que puede ser un caso de PIMS, enfermedad inflamatoria multisistémica que afecta a niños habitualmente mayores de 5 años y que han estado expuestos al COVID entre 2 y 6 semanas antes de manifestarse. Está descrita como una afección grave en la que se inflaman algunos órganos del cuerpo, como el corazón, pulmones, vasos sanguíneos, riñones, sistema digestivo, cerebro, la piel o los ojos.

¿Cómo podemos proteger a nuestros niños y niñas? Lo fundamental es que toda la familia colabore en el cuidado, vacunándose como primera medida, manteniendo una correcta higiene de superficies y utensilios, ventilando diariamente el hogar, evitando exponerse a aglomeraciones, restringiendo las salidas y la concurrencia a espacios sin ventilación, limitar las visitas de personas no vacunadas, y no permitir el contacto con personas contagiadas o que han sido contacto de COVID-19. En lactantes se recomienda mantener la lactancia materna, ya que el beneficio de esta supera el riesgo de contraer la enfermedad, además, hasta el momento, no hay evidencia de contagio atribuible a la leche materna.

A pesar de todo el avance investigativo en lo que refiere al COVID-19, aún existe gran desconocimiento del impacto futuro de esta enfermedad. De todos, como sociedad, depende colaborar en mantener los contagios lo más bajos posibles, ya que esta pandemia no solo repercute a nivel fisiológico, con posibles secuelas en lo físico, sino también podría incidir en el desarrollo global de nuestros niños, generando consecuencias que afecten su calidad de vida futura.

Por: Natalia Castillo, académica de la Escuela Técnico de Nivel Superior en Enfermería UDLA, y Beatriz Arteaga, Directora de la Escuela Técnico de Nivel Superior en Enfermería UDLA.

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