En 1578, el célebre corsario inglés Francis Drake, recorrió las costas de Chile dejando tras de sí una mezcla de historia, leyenda y aventuras dignas de un libro. Al servicio de la reina Isabel I, su misión era clara, golpear los intereses del Imperio español allí donde menos lo esperara.
Su travesía comenzó tras cruzar el estrecho de Magallanes, navegando de sur a norte. Sin embargo, su primera escala estuvo lejos de ser un triunfo. En la Isla Mocha buscó agua y alimentos, pero encontró una férrea resistencia mapuche. Los habitantes defendieron su territorio con tal determinación que Drake terminó con una herida de flecha en el rostro. La expedición apenas logró escapar, convirtiendo aquel desembarco en una de las derrotas más recordadas del pirata.
La fortuna cambiaría poco después en Valparaíso. Convencidos de que el Golden Hind (barco de Drake) encabezaba una gran flota inglesa, los colonos españoles huyeron precipitadamente. La realidad era mucho más simple, Drake navegaba solo. Sin oposición, su tripulación encontró abundantes provisiones y, especialmente, vino, suficiente para improvisar una gran celebración. Pero el verdadero premio llegó al capturar un barco español cargado de oro y valiosas mercancías, un botín obtenido con sorprendente facilidad.
La noticia del saqueo se propagó rápidamente. Cuando Drake llegó a las costas de Coquimbo y La Serena, los ciudadanos ya estaban preparados. Caballería e infantería aguardaban su desembarco. Al advertir que esta vez la sorpresa había desaparecido, el corsario optó por retirarse sin presentar batalla.
Con el paso de los siglos, aquellas incursiones dieron origen a relatos que aún alimentan la imaginación. Algunos sostienen que parte de su tesoro permanece oculto en las cercanías de La Herradura, Coquimbo. Otros apuntan a la famosa Cueva del Pirata, en Quintero, como refugio, escondite o punto de vigilancia del bucanero. Verdaderas o no, estas historias siguen pasando de generación en generación y mantienen vivo el misterio.
Las incursiones de Drake también cambiaron la historia colonial. España comprendió que el Pacífico había dejado de ser un mar seguro y reforzó la defensa del estrecho de Magallanes y de diversos puertos de nuestro país.
Paradójicamente, el hombre que para los españoles fue un temido enemigo regresó a Inglaterra convertido en héroe. La reina Isabel I lo nombró Sir, inmortalizando el nombre de un aventurero cuya breve visita a Chile aún sigue despertando curiosidad, debates y la eterna ilusión de encontrar un tesoro escondido.
Por: José Pedro Hernández Historiador y académico de Universidad de Las Américas.










