Rodrigo Astroza

Resiliencia sísmica, tarea de todos

Chile es uno de los países más sísmicos del mundo, siendo muchas veces catalogado como un laboratorio a escala natural para las áreas de la sismología y la ingeniería estructural y sísmica. Cuando se cumplen 10 años del terremoto de Tohoku, Japón, es imposible no recordar los grandes terremotos que han ocurrido en nuestro país y cómo la ingeniería chilena se ha posicionado a nivel mundial en el ámbito sísmico. Producto de esta sismicidad, nuestras instalaciones industriales, edificios, puentes y otras infraestructuras son puestas a prueba frecuentemente por grandes terremotos.

Un número significativo de estos mega eventos, entre los cuales podemos mencionar en los últimos 115 años los terremotos de Valparaíso (1906), Chillán (1939), Valdivia (1960), Valparaíso (1985), Maule (2010) e Illapel (2015), han liberado una gran cantidad de energía y han puesto a prueba nuestra ingeniería y nuestras normas de diseño y cálculo. Los buenos resultados observados después de estos grandes terremotos nos han hecho conocidos mundialmente, donde el “edificio chileno” ha llamado mucho la atención y ha generado que ingenieros de todo el mundo realicen actividades de reconocimiento post-terremotos para conocer de forma cercana la experiencia nacional.

Por otra parte, el diseño sísmico de instalaciones y estructuras industriales, como ningún país en el mundo, tiene su propia norma, la cual fue generada a partir de la experiencia de grandes y mundialmente reconocidos ingenieros chilenos y tomando como dato el comportamiento observado de las instalaciones industriales que fueron sometidas al mega-terremoto de Valdivia de 1960. Ambas normas, la NCh443 y la NCh2369, que rigen el diseño de los edificios e instalaciones industriales, respectivamente, se encuentran actualmente en etapa de actualización, de manera incluir aspectos y desarrollos recientes en el área de la ingeniería estructural sísmica, como el diseño basado en desempeño, e incorporar los aprendizajes obtenidos de los últimos terremotos importantes que han ocurrido en el país, especialmente el terremoto del 27F del 2010.

Todo este desarrollo y actualización de nuestras normas es el resultado del arduo y loable trabajo de un grupo de destacados ingenieros y académicos chilenos que durante largos años invirtieron mucho esfuerzo en la generación de estos documentos, los cuales tienen un importante impacto económico y social para Chile. El trabajo conjunto entre la academia y la ingeniería práctica ha generado durante muchos años un círculo virtuoso que ha permitido un enriquecimiento mutuo y que ha logrado alcanzar resultados sobresalientes, en particular, estar ad-portas y centrando la discusión en alcanzar comportamientos resilientes durante mega terremotos. Ya no se debate el colapso de nuestras estructuras, sino que la incorporación de sistemas de aislación sísmica, cubierto por la norma NCh 2745, o el desarrollo e incorporación de sistemas de disipación de energía en nuestros edificios (NCh 3411), o cómo proteger los componentes no-estructurales y contenidos existentes en nuestras estructuras (NCh 3357).

No cabe ninguna duda que los avances han sido significativos y para seguir en la misma senda y lograr esos desafíos, es imperativo que se fortalezca aún más el trabajo conjunto entre los académicos, que dedican parte importante de su tiempo a la investigación, y los ingenieros, que centran su trabajo en el desarrollo de interesantes y cada vez más desafiantes proyectos de ingeniería. Lograr esta sinergia y trabajo colaborativo es una tarea de todos y requiere de nuevos mecanismos de financiamiento que permitan definir y alcanzar objetivos de interés mutuo para ambos grupos, los cuales finalmente generarán un gran impacto en el desarrollo de nuestro país.

Por: Rodrigo Astroza – Académico Ingeniería Civil en Obras Civiles – Universidad de los Andes

Compartir en .....