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Lunes, Junio 22, 2026
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Cocaína y ketamina ocultas en madera: expertos explican riesgos

La incautación de 108 toneladas de cocaína y ketamina impregnadas en más de mil toneladas de madera en los puertos de Arica, San Antonio y Valparaíso se convirtió en uno de los mayores decomisos de droga registrados en la historia del país. La operación reveló una modalidad de ocultamiento que aprovecha las propiedades físicas de la madera para transportar sustancias ilícitas de difícil detección. Frente a este caso, académicos de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile explican tanto los riesgos asociados al consumo de estas drogas como los fundamentos científicos que hacen posible este mecanismo de transporte.

La detección de cocaína y ketamina impregnadas en madera llamó la atención de especialistas debido a la complejidad del método utilizado para ocultar estas sustancias. Desde la química de materiales, el profesor Pablo Fuentealba Castro, académico del Departamento de Química Inorgánica y Analítica, explica que las propiedades estructurales de la madera permiten la incorporación profunda de distintos compuestos químicos.

“La madera es un material que presenta una alta porosidad y humedad, que dan pie a poder difundir diferentes compuestos dentro de ella. Microscópicamente es una red organizada de tubos o canales, correspondientes a células vegetales muertas, diseñados por la naturaleza para transportar agua”, señala el académico.

Esta característica hace posible que sustancias solubles puedan difundirse e impregnarse en el material, utilizando un principio similar al empleado en ciertos tratamientos industriales. “El hecho de que algunas drogas sean solubles da lugar a la estrategia de impregnación. Es una técnica que se utiliza, por ejemplo, en el tratamiento de maderas ignífugas, pero que en este caso ha encontrado un uso para impregnar y transportar sustancias ilícitas”, explica.

Según el investigador, la droga no queda solamente adherida a la superficie del material. “En este caso hay una penetración e impregnación de la madera que no es solo superficial. Se aprovecha el diseño natural de la planta para que la droga quede distribuida en todo el material, siendo por esto los altos contenidos de droga que es posible transportar mediante este método”, agrega.

La presencia de sustancias ilícitas en el interior de la madera también representa un desafío para los procesos de detección y análisis químico. “El hecho de que la sustancia esté impregnada implica la necesidad de aplicar un proceso de extracción, desorción o lavado químico para recuperarla de la matriz leñosa. En estos casos, el método más común consiste en triturar la madera y someterla a lavados con solventes orgánicos específicos para disolver la droga. Una vez que la cocaína pasa a la fase líquida —igual que antes de la impregnación—, el solvente se elimina mediante evaporación y concentración, lo que permite recuperar la sustancia en estado sólido”, indica Fuentealba.

Cocaína y ketamina: sustancias con mecanismos de acción distintos

Desde la farmacología, el profesor Mario Rivera Meza, académico del Departamento de Química Farmacológica y Toxicológica, explica que las dos sustancias involucradas en este decomiso presentan efectos muy diferentes sobre el sistema nervioso central.

La cocaína corresponde a un estimulante del sistema nervioso central derivado de las hojas de coca. Su principal mecanismo de acción consiste en alterar la regulación de la dopamina, neurotransmisor relacionado con los circuitos cerebrales del placer y la recompensa.

“La cocaína bloquea los mecanismos que regulan los niveles de dopamina en el cerebro, lo que provoca un marcado aumento de su concentración en el sistema nervioso central. Esto genera una intensa sensación de euforia, alerta y energía”, señala el académico.

La ketamina, en cambio, es un anestésico disociativo desarrollado originalmente para uso médico. Su acción se relaciona principalmente con el bloqueo de receptores de glutamato, el principal neurotransmisor excitatorio del cerebro.

“Esto interrumpe la comunicación entre la corteza cerebral y el resto del organismo. Se produce el denominado efecto disociativo, en el que el individuo se siente desconectado de su propio cuerpo y de la realidad, experimentando alteraciones sensoriales y alucinaciones”, explica Rivera.

Dependencia y riesgos para la salud

El académico advierte que ambas sustancias pueden generar dependencia, aunque mediante mecanismos diferentes.

En el caso de la cocaína, su elevado potencial adictivo está asociado a la intensa estimulación de las vías cerebrales relacionadas con las sensaciones placenteras.

“La cocaína sobreestimula las vías cerebrales relacionadas con el placer. Con el uso crónico se desarrolla tolerancia y el individuo necesita dosis cada vez mayores para lograr los mismos efectos. Esta dependencia puede desarrollarse rápidamente”, señala Rivera.

Entre los principales efectos agudos se encuentran la taquicardia, el aumento de la presión arterial, la hipertermia —un incremento anormal y potencialmente peligroso de la temperatura corporal—, la ansiedad extrema y la paranoia. Además, incrementa significativamente el riesgo de sufrir un infarto agudo al miocardio o un accidente cerebrovascular.

A largo plazo, el consumo crónico puede provocar daño cardiovascular, pérdida severa de peso, cuadros psicóticos y destrucción del tabique nasal y de los tejidos del paladar.

Respecto de la ketamina, Rivera explica que, si bien presenta un perfil adictivo menos severo que la cocaína, también puede generar una importante dependencia psicológica.

“La ketamina tiene un perfil adictivo menos severo que la cocaína, aunque también genera una fuerte dependencia psicológica y una tolerancia muy rápida, lo que lleva a un aumento peligroso de las dosis para percibir los mismos efectos”, advierte.

Entre sus efectos inmediatos destacan la desorientación, la pérdida de coordinación motora, las náuseas y el riesgo de entrar en estados de disociación profunda. Su uso prolongado se ha asociado al desarrollo de cistitis, pérdida de memoria y síntomas similares a los observados en la esquizofrenia.

El peligro de las sustancias adulteradas

Otro aspecto que preocupa a los especialistas es que estas drogas rara vez se comercializan en estado puro, situación que incrementa los riesgos para quienes las consumen. “La cocaína rara vez es pura. Suele adulterarse con sustancias como cafeína, anestésicos locales o fentanilo, un opioide sintético altamente tóxico”, explica Rivera.

En el caso de la ketamina, además, es frecuente que se comercialice bajo identidades falsas. Un ejemplo es el denominado “Tusi” o “cocaína rosa”. “El ‘Tusi’ rara vez contiene cocaína real ni 2C-B. Generalmente corresponde a una mezcla de ketamina, MDMA, cafeína y colorantes, lo que puede provocar efectos impredecibles”, señala el académico.

El reciente hallazgo de cocaína y ketamina impregnadas en madera demuestra el creciente nivel de sofisticación de las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de drogas. Al mismo tiempo, pone de relieve la importancia del conocimiento científico para comprender tanto los efectos que estas sustancias generan en la salud humana como los métodos analíticos necesarios para su detección y control.

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